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14.11.2012
Bromas en el colegio, ¿sinceridad o crueldad?
En la edad escolar la falta de filtro de los chicos o la franqueza absoluta es usual, pero no así la maldad de hacer sufrir al otro, que está relacionada con el hostigamiento.
Durante los años que dura la escuela primaria las cargadas o bromas son moneda corriente. Algunos adultos dicen: "Es que los chicos son tan crueles". Por un lado, es cierto que a esa edad aún se están construyendo los filtros de lo que es socialmente correcto y lo que no. Por el otro, hay que diferenciar la sinceridad, que está relacionada con la falta de sentido moral, de la crueldad, que tiene que ver con el hostigamiento.

La psicóloga María Inés Pastore, de la Asociación Argentina de Psiquiatría y Psicología de la Infancia y la Adolescencia (ASAPPIA), señala en cuanto a esta distinción: "La crueldad se da cuando la intención es dañar y hacer sentir mal al otro. Lo que sucede es que la cuestión del cuidado por el compañero y del respeto es algo que se construye en la interacción y en función de las pautas y modelos que ofrecen los padres. Una cosa es la sinceridad y otra la crueldad. En la última no se constituye el cuidado por el otro y el respeto". Por eso, un tema es la falta de filtro en determinada etapa de la vida y, la otra, el bullying, que tiene que ver con el hostigamiento y la violencia física o verbal hacia un chico por parte de sus compañeros del colegio.

En cuanto a la sinceridad de la infancia, la psicopedagoga Marta Ida Tessari, presidente de la Fundación Procesos para el Estudio e Investigación del Aprendizaje, de la Asociación Argentina de Terapia de Juego y de la Asociación de Psicopedagogos de Capital Federal, explica que los chicos están en pleno proceso de desarrollo. La especialista sostiene que a esa edad todavía no hay una formación de conciencia moral, espiritual, cognitiva o de estructura del pensamiento, sino que más bien es algo que se va constituyendo hacia la adolescencia. También, Tessari dice: "Si a esto se suma estar inmerso en una familia donde da todo lo mismo, donde no se enseñan estas pautas, entonces hay que preguntarse qué pasa en esa casa. Además, en los colegios se cree que los chicos sólo van a hacer un aprendizaje de las materias, pero este debe ser moral y de humanidad".

Mariana Martínez Paret es maestra en la Escuela 12 del barrio porteño de Núñez y cuenta: "A medida que van creciendo, van metiendo esos filtros. Nuestra tarea es enseñar a que se adecuen a esos contextos. Acá trabajamos mucho sobre valores, es un área transversal. En general a principio de año escribimos normas de convivencia junto a los chicos. Pero después hay situaciones que emergen y entonces se llama a la reflexión, a ponerse en el lugar del otro para hacerles ver que una palabra tiene el mismo peso que un golpe". Para Martínez Paret las cargadas más usuales tienen que ver con lo físico, la gordura, con la estética en el caso de las nenas y también con la nacionalidad: "Acá no tenemos muchos chicos extranjeros, hay uno solo y hemos tenido que trabajar fuerte en eso", señala.

Según si las bromas que se sufrieron durante la primaria fueron producto del hostigamiento o por falta de filtros, van a depender las consecuencias en la edad adulta. Pastore explica: "Va a tener que ver con cómo haya ido creciendo y se haya formado cada uno, con la fortaleza o fragilidad que tiene el psiquismo del chico. Hay casos en los que vimos consecuencias terribles como el de Carmen de Patagones -cuando hace ocho años Rafael "Junior" Solich, en ese entonces de 15, mató a balazos a tres compañeros en el colegio e hirió a otros- u otros similares, en donde ya había una cuestión deficitaria en cuanto a la forma de establecer vínculos. En otros casos va a generar impacto pero va a ser mayor o menor de acuerdo a la fortaleza o fragilidad de cada uno".

La sinceridad de los chicos es algo que van modificando a medida que aprenden y tienen noción del daño y de lo que está bien o mal. El bullying en cambio, no tiene nada que ver con la falta de filtros, sino que está relacionado con el acoso y el hostigamiento por el hecho de hacer sufrir al otro. En ambos casos la contención y los límites de los padres hacia sus hijos, como la capacidad de respuestas de los colegios, es fundamental: "Se aprende desde muy chicos, cuando pueden empezar a tener noción de que el otro sufre. Pero esto tiene que ver con los modelos familiares; si en cada familia lo tienen en cuenta, los chicos desde muy temprano lo incorporan", dice Pastore.

Enseñar a los chicos a respetar al otro por su condición de ser humano y a aprender a convivir entre todos, es una tarea fundamental por parte de las escuelas y, sobre todo, de cada familia.
Bárbara Reinhold para Clarín

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