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15.07.2013
Empezó el Festival Internacional de Títeres al Sur
Durante quince días, elencos de los cinco continentes ofrecerán espectáculos clásicos o experimentales, que innovarán con efectos multimedia, mimos y danza. Los anima un espíritu de apertura: "Los objetos, los muñecos y las marionetas no son un universo cerrado".

La ciudad de Buenos Aires podría recibir el título de capital mundial de la goma espuma, cuando criaturas transportadas en valijas y baúles hagan de estas latitudes una Babel muppet; sin la torre descomunal ni el castigo bíblico de las lenguas de fuego, pero con toda la diversidad idiomática que cabe en el slogan "muñecos de los cinco continentes". Esa fue la valla a sortear por los organizadores de la quinta edición del Festival Internacional de Títeres al Sur, que arrancó el sábado pasado: superar los límites geográficos de la anterior entrega del encuentro más importante de esta disciplina a nivel local, con espectáculos de Kenia, Indonesia, Alemania, Australia, Colombia, Chile, Francia, Perú, España, Italia, México y Rusia. Una veintena de elencos que, en el marco de los festejos por las tres décadas del grupo de teatro Catalinas Sur, harán su gracia en tablados dispuestos al sur de la metrópolis porteña. Lo que el festival mantiene es una "línea alternativa" que se traduce en el precio de las entradas, la variedad de repertorios y la zona en la que se realiza. "La apuesta es tener espectáculos de calidad, que podrían verse en la calle Corrientes, pero sin traicionar nuestra base, que está en el sur, una zona muy postergada, casi sin cines ni teatros", define Gonzalo Guevara, miembro de la organización artística y ejecutiva de la movida y de la compañía anfitriona.

Durante quince días de vacaciones de invierno, habrá muñecos para todos los gustos, espectáculos con puestas clásicas y modernas, que innovarán con efectos multimedia, juegos de sombras, destrezas acrobáticas, mimos y danza. También dos ciclos, uno infantil y otro para adultos, con horarios y propuestas diferenciados. Como en ediciones pasadas, el encuentro combinará salas tradicionales con escenarios no convencionales, entre los que se cuentan galpones, comedores comunitarios y centros culturales barriales, donde buena parte de las funciones serán gratuitas (al menos la mitad, de las más de setenta programadas). Otra tradición se consumó el sábado al mediodía, cuando, frente al puente transbordador de la Boca, se alzó formalmente el telón con una caravana musical y titiritera que recorrió el barrio azul y oro hasta el Galpón de Catalinas (Benito Pérez Galdós 93). Fueron más de dos horas de procesión, musicalizadas por la Orquesta Atípica Catalinas Sur, y que finalizaron con un varieté inaugural más el espectáculo La llamada del mar, de la compañía francesa Philipe Genty.

Si bien el festival es un desprendimiento del proyecto cultural de base de Catalinas, no todas las producciones invitadas comparten la poética del teatro comunitario. Se trata en su mayoría de profesionales del arte de manipular objetos, seleccionados en función de las temáticas que abordan sus obras (memoria, identidad y territorialidad, sobre todo) y su adaptación a "la ética" de los organizadores. "Sería imposible armar un festival de esta magnitud sólo con exponentes de proyectos comunitarios. Buscamos que las obras reflejen la identidad de cada pueblo y, a la vez, que comulguen con nuestro punto de vista. Después les explicamos dónde se están metiendo", bromea Guevara.

Desde la cuarta edición del encuentro, en 2011, cientos de interesados aplicaron a la convocatoria, difundida a través de redes sociales. Entre ellos, la Compañía de Títeres Anticostumbrista de Manuel Mansilla. El pibe, oriundo de Lomas de Zamora, es una de las figuras recurrentes del festival desde hace cuatro años. En ese tiempo, se ganó el reconocimiento de sus pares a fuerza de utopías y enunciados quijotescos. "Lucho contra la costumbre, el lugar cómodo y la uniformidad. Me encanta sentir que la libertad es real, que puedo ir tan lejos con mi teatro, que mi teléfono no tiene señal. Ahí me conecto. Es loco, pero hoy es un parámetro", reflexiona vía mail con Página/12 desde la comunidad guaraní Tekoa Arandu de Pozo Azul, Misiones. Antes de sumarse al festival, presentó allí Títeres a cielo abierto, su ópera prima, con la que pateó medio continente. "Un titiritero no se asombra frente a mocos colgando o un teatro con piso de tierra, no entiende de súper-desarrollo. Sacale todo y, con una media en la mano, te seguirá timando", apuesta.

Otras tres compañías darán sus primeros pasos en la convención. Desde Medellín, Colombia, la Corporación Cultural Nuestra Gente debutará con El canto de la cigarra, una puesta artesanal, producida según los parámetros del teatro de vecinos. Hermanada con Catalinas a través de la Red Nacional de Teatro Comunitario, la agrupación colombiana trabaja desde 1987 con "los olvidados del sistema", jóvenes de distintas comunas de la segunda ciudad más poblada del país de Gabriel García Márquez. "Todos tenemos derecho a ser artistas y a vivir el arte de cerca. Formamos artistas para la vida, con la esperanza de que un sujeto pueda expresar libremente su creatividad", postula Jorge Blandón, referente de la agrupación.

Lo propio harán dos visitantes del viejo continente: la reconocida compañía francesa Philippe Genty y los hispano-chilenos de La Llave Maestra, exponentes de una tendencia que hibrida el lenguaje titiritero con disciplinas circenses, teatro físico e improvisación. "Esta explosión de nuevas ideas es un aporte al lenguaje de los objetos porque abre posibilidades de expresión y comunicación diferentes a las convencionales; y, lo más importante, permite constatar que los objetos, los muñecos y las marionetas no son un universo cerrado, disponible sólo para los expertos en estas técnicas", resume Alvaro Morales Lifschitz, director artístico del quinteto iberoamericano formado hace tres años en Pamplona.

Los meses agitados del Mayo francés hicieron de telón de fondo a la fundación de la compañía Philippe Genty, homónima a su creador, el rupturista autor francés de más de medio siglo de trayectoria. En su debut en el Festival de Títeres al Sur, Amador Artiga, integrante del elenco de La llamada del mar, cuenta que llegaron a Buenos Aires empujados por "la búsqueda de nuevas formas de hacer teatro", motor del grupo desde hace cuatro décadas. "Eso –explica Artiga– pasa por el encuentro y el intercambio con otras compañías. Llevamos años participando en festivales de todo el mundo, lo que nos permite hacer circular las energías creativas en ambos sentidos."

Daniela Rovina para Página12

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