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31.12.2013
Frozen: una aventura congelada. Con destino de clásico
El film de Disney, que se estrena pasado mañana, apuesta a contar una historia donde ser princesa es lo menos importante
En los estudios de animación de Disney no se hacen películas. Acá, en este colorido edificio que hace esquina en una cúpula con la forma del famoso sombrero que usaba Mickey Mouse en el segmento "El aprendiz de brujo" de Fantasía, se hacen clásicos. Films de animación que hace más de siete décadas consiguen barrer con las fronteras, los idiomas y las diferencias generacionales. En aquel entonces, cuando Walt Disney decidió que el primer largometraje de su estudio sería Blanca Nieves y los siete enanitos, la historia de una princesa inauguró una tradición a la que Frozen: una aventura congelada se sumará desde pasado mañana.

Ya no estamos en los tiempos de La cenicienta ni La bella durmiente ni La sirenita, por nombrar apenas un trío de los muchos films creados en este estudio ubicado en Burbank, un barrio de autopistas enclavado más allá de la frontera del glamour de Hollywood y más acá de las fábricas de cine y TV que se ven en el mundo. Ahora, a las protagonistas de Disney ya no les alcanza con nacer en un castillo de ensueño: además de pertenecer a la realeza, deben ser lo más reales posibles.

"Durante todo el proceso de trabajo nos repetíamos: «Hay que hacerla real». Queríamos un personaje creíble, que rompiera con los moldes establecidos. En algún momento nos olvidamos de la responsabilidad y lo que significa hacer una película no ya con una sino con dos nuevas princesas Disney, porque empezamos a contar una historia sobre dos hermanas", dice Jennifer Lee, la guionista y directora debutante, que compartió tareas con el veterano de la animación Chris Buck.

Y el dúo tuvo éxito en lo que muchos -hasta sus primos de Pixar con Valiente - fracasaron. A pesar de la carga de estar ligeramente basada en el cuento La reina de l as nieves, de Hans Christian Andersen, y de ser uno de los tantos proyectos que figuraban en la carpeta del viejo Walt, Frozen: una aventura congelada es mucho más que la suma de sus princesas. Tal vez porque da la casualidad de que Elsa y Anna no están demasiado preocupadas por sus trajes de gala o los caballeros de blanco corcel y sangre azul que las rodean.

A las herederas del helado y bellísimo reino de Arendelle -inspirado por los paisajes y las costumbres de Noruega- lo que no las deja dormir es su complicado vínculo. Especialmente a Anna, la menor, que no puede entender por qué Elsa ya no quiere pasar tiempo con ella cuando de nenas solía ser su inseparable compañera de juegos (una relación que se muestra y se escucha en las bellas canciones compuestas por Robert Lopez y Kristen Anderson Lopez, responsables de los temas de los musicales de Broadway Book of Mormon y Avenida Q) . Lo que Anna no recuerda (gracias a un encantamiento) es que Elsa nació con el poder de transformar todo lo que toca en el hielo, una facultad que ni la niña ni sus padres saben cómo manejar y, por ende, deciden ocultársela a todos. Incluida la pequeña Anna.

"Originalmente la película no se trataba de un par de hermanas, de hecho no son personajes que existan en el cuento original, pero en algún momento alguien planteó la idea y nos dimos cuenta de la emoción y el conflicto que aportaba al relato el hecho de que estos dos personajes fueran hermanas. Todas las piezas encajaron cuando tomamos esa decisión", explica Buck, y a su lado su coequiper Lee asiente, lista para completar la idea.

"Encontramos el corazón del film. Como guionista siempre trabajás buscando la forma de presionar más al personaje, de subir la apuesta para hacer del conflicto y su odisea más interesantes. Y no hay apuesta más alta, más riesgosa, que tener a Anna tironeada entre el deseo de salvar al reino y el de recuperar la relación con su hermana. Pero además nos interesaba mucho explorar las relaciones de familia. Y aunque ya se trató en otros casos, nunca en relación con dos hermanas. Hay algo en esa particular relación que despierta fuertes sentimientos. «Somos iguales, no nos parecemos en nada». En ese vínculo a veces tan confuso reside nuestra historia", dice la directora, cuya experiencia en el mundo de la animación comenzó con el guión de Ralph, el demoledor. Elgran suceso de crítica y taquilla global de aquel film dirigido por Rich Moore consiguió transformar a su autora en la primera mujer en dirigir una película de Disney. Un logro por demás notable en el universo de la animación, donde hasta los relatos más enfocados al universo femenino siempre fueron pensados y realizados por hombres.

"Nos mantuvimos bien lejos de los estereotipos", dice Lee, y tiene razón. Muy poco del desarrollo de Frozen, una aventura congelada responde a moldes ya probados. Empezando por Anna, su heroína. La más joven de las princesas es graciosa, algo torpe, sociable y no sólo sueña con salir del castillo en el que nació, sino que, efectivamente, lo hace. De hecho, en uno de esos paseos conoce al hombre de sus sueños, el príncipe Hans, con el que le alcanzan unas horas para empezar a preparar el casamiento. Impulsiva y de carácter fuerte, Anna se comporta como la adolescente que es y Elsa, su hermana mayor, se lo hace saber. De allí, la pelea, el fin del secreto y un reino que se transforma en una tierra helada que alguien tendrá que salvar. Así, Anna pasa de caprichosa adolescente a ser la única esperanza para su reino, y Elsa, la reina caída en desgracia.

Para emprender esa valiente gesta, la princesita que quería vivir reclutará la ayuda de Kristoph, un joven campesino dedicado a picar hielo siempre acompañado de su fiel reno, y se topará con Olaf, un muñeco de nieve que funcionará como un lazo con su pasado (y como efectivo recurso cómico, que cuenta con su propio cuadro musical, quizás uno de los mejores y más graciosos de la larga historia de los films animados con aires de Broadway realizados por Disney). En realidad cada una de las canciones de la película parece lista para llegar a los escenarios, aunque allí tal vez sea difícil reproducir el asombro y el placer estético que produce la animación de Frozen: una aventura congelada .

Los fabricantes de nieve

"Para construir el castillo de hielo trabajaron cincuenta personas durante muchos meses. En el armado de los personajes fueron dos años de dedicación intensa. Los animadores viajaron a Noruega para buscar inspiración, se entrenaron con profesores de actuación y aprendieron técnicas de respiración. Nada quedó librado al azar. La idea era hacer de la historia y sus protagonistas algo real, un mundo en el que te pudieras sumergir", cuenta Lino de Salvo, el responsable del batallón de artistas de la animación que pasaron del frío de los fiordos noruegos al calor californiano sin perder de vista que la nieve era parte esencial de su relato.

Y resulta que aun con todos los avances tecnológicos con los que trabajan los animadores, la creación de nieve sigue siendo uno de los obstáculos más difíciles de sortear. Especialmente la nieve profunda, de la que Frozen tiene mucha, muchísima. Para solucionar el inconveniente, el equipo tuvo que inventar un nuevo software que, a los ojos del público, resulta en un espléndido y esponjoso mundo blanco. Un mundo que vuelve a reafirmar las maravillas de la animación actual.

"Siempre amé la animación, estoy obsesionada con Disney desde la infancia, pero no me dediqué al género hasta que trabajé en Ralph, el demoledor . Teniendo experiencia en cine tradicional puedo decir que no hay nada como la animación. Es el único lugar donde podés fantasear con una escena o una imagen y construirla desde cero. No tenés que respetar ninguna referencia, no tenés límites. Todo es posible, no hay mundo que no puedas explorar, y a medida que avanza la tecnología todo resulta más sencillo. En este caso se trata de dar un paseo de una hora y media por un reino cubierto de nieve y sin necesidad de llevar abrigo", concluyen Lee y Buck, los responsables de hacer de Frozen, una aventura congelada , un film de princesas modernas con destino de clásico.

Cortometraje a la altura de la leyenda

Era la noticia del año para el mundo de la animación. La información decía que en los archivos de los estudios Disney se había encontrado un cortometraje perdido, aparentemente fechado en 1927, protagonizado por Mickey Mouse con la voz de Walt Disney. Y la primera imagen del hallazgo que dio la vuelta al mundo confirmaba la leyenda. Allí estaba Mickey en glorioso color sepia. Pero lo cierto es que todo era un cuento, una pequeña broma que a la directora Lauren MacMullan le gusta recordar una y otra vez. Porque que su cortometraje, Es hora de viajar, pueda ser confundido con uno de aquellos realizados en los albores del estudio la llena de orgullo. Lo cierto es que el corto que se ve antes de la proyección de Frozen: una aventura congelada se realizó este año, combinando el trabajo de los animadores digitales con la experiencia de los que siguen trabajando en la animación tradicional.

"Hicimos un exhaustivo trabajo de investigación. Nos metimos en los archivos del estudio para encontrar los colores exactos que se hubieran usado en aquella época. Claro que como no se trabajaba en color nos basamos en las tarjetas de navidad que el estudio enviaba a sus clientes en los años 20 y 30. Y luego decidimos usar la voz de Walt", cuenta entusiasmada MacMullan. Claro que para respetar la tradición y utilizar la voz del propio Disney para Mickey, como se hacía en los primeros cortometrajes creados por él, la directora tuvo que buscar entre una gran cantidad de material sonoro antiguo y en algunos casos inutilizable. "Fue un trabajo arduo. Tuvimos que reconstruir la palabra «rojo». Nos llevó tres semanas, pero valió la pena", termina la realizadora

Natalia Trzenko para La Nación

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