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06.07.2014
La meta es ser buen padre: ahora importa más que el éxito laboral
También es una aspiración personal que pesa más que la unión de la pareja
Hay pocas cosas que le importen tanto a Ramiro Pereyra, de 37 años y director de marketing de una empresa de electrodomésticos, como ser un buen padre. Tiene dos hijos: Lucía, de cinco años y León, de dos. No es sencillo combinar su agenda profesional con lo que él entiende por ser un buen padre, pero lo intenta. "Para mí ser padre es tan importante como mi carrera", sintetiza.

No es el único. Según dicen los especialistas, "ser buenos padres y madres" se instaló en la nueva generación no sólo como un mandato social sino como una aspiración, a la par de la realización profesional y laboral.

"Ser buen o mal marido o esposa es algo que la sociedad actual considera que puede ocurrir o no, quién sabe. En reemplazo, el objetivo a alcanzar para sentirse realizados en la vida adulta hoy es una paternidad exitosa, con todo lo que esto implica. Los hijos se convirtieron, a la vista de la sociedad, en una confirmación de ese buen o mal desempeño como personas", apunta la psicóloga Eva Rottemberg, directora de la Escuela para Padres. Lograr el cariño cobra más relevancia que el respeto o la obediencia de los chicos.

Como el caso de Ramiro Pereyra que a diario lucha con los compromisos laborales para hacerse tiempo para buscar a sus hijos en el colegio, llevar a Lucía a su clase de arte y estar presente en la visita al pediatra. También bañarlos, jugar con ellos, compartir experiencias y cultivar una relación individual con cada uno.

El Instituto de Ciencias para la Familia, de la Universidad Austral, realizó hace algunos años un estudio sobre el significado de la familia para los argentinos. Se les preguntó si tuvieran que dejar una meta de lado en pos de otra ¿cuál abandonarían? "Hijos felices" fue la respuesta menos dada. O sea, que los argentinos resignarían cualquier cosa menos la felicidad de sus propios hijos. El 33% de los consultados dijo que renunciaría a tener una buena casa, el 26% a la seguridad financiera, el 12% a un buen matrimonio, contra sólo el 3% que renunciaría a tener hijos felices. Otro 3% dijo que no renunciaría a la vida saludable. El 24% no supo qué contestar. "Hemos encumbrado a los hijos a los más alto de la jerarquía familiar. Todo lo que queremos para ellos es que sean felices. Es el objetivo supremo. Y nuestro intento desesperado por criar hijos felices tiene consecuencias. Estamos criando niños sin tolerancia a la frustración", apunta la antropóloga estadounidense Jennifer Senior, autora de Todo alegría, nada de diversión, que hace cuatro meses expuso su tesis sobre "la paradoja de la paternidad moderna" en el TED de Vancouver.

Carolina Remón y Lucas Mignore, de 41 y 39 años, se pusieron un objetivo en los últimos años, sobre todo desde que su casa en La Horqueta se pobló de hijos: equilibrar la vida laboral con la familiar. "Para nosotros, ser buenos padres no es una cuestión menor. Es superimportante en nuestras vidas", dice ella, analista en sistemas y madre de Ramiro, de 10 años; Guillermina, de 8; Bautista, de 3, y Juan Cruz, de uno. Para eso tuvieron que hacer cambios. El primero fue mudarse cerca del colegio alemán al que asisten los chicos. El segundo fue renunciar a su trabajo en el centro y buscar uno que le permitiera ir a casa para almorzar y a diez minutos de distancia durante el resto del día. Lucas, que trabaja en finanzas, también hizo adaptaciones. "Para los dos es muy importante poder estar presentes en la vida de nuestros hijos, ir a los actos, buscarlos del colegio y también darles suficiente tiempo para que ellos se brinden a nosotros", cuenta él.

Clara Lagos y José Luis Cancio son los orgullosos padres de Isabel. Ella es ilustradora y él, documentalista. Hace diez meses que están en este nuevo rol y confiesan que hasta acá lo están disfrutando. "No nos planteamos el desafío de ser buenos padres, creo que eso nos cargaría de mucha culpa. Uno es hijo de sus padres y sabe que ése es un ideal que no existe. Al menos, preferimos pensarnos como padres presentes y amorosos. No vamos a darle todo y seguro nos vamos a equivocar. Pero esperamos que cuando ella recuerde su infancia, se acuerde que nosotros estuvimos ahí y que tuvimos momentos de calidad con ella. Que la amamos", dice Clara.

Para la nueva generación, el modelo que aprendió de cómo ser padre no es el que quiere replicar en su familia. Ahora hay otros mandatos sociales que condicionan su buena paternidad, explica José Olavarría, investigador de Flacso y autor del libro Y todos querían ser (buenos) padres. Durante su investigación, Olavarría entrevistó a un gran número de padres. Para los más jóvenes, ser buenos padres está relacionado con ser muy expresivos, no ocultar sus sentimientos, ser cariñosos, cercanos afectivamente, activos en las cotidianidad de sus hijos. A la vez, esa proximidad debe ser comprendida por sus hijos. Es decir, buscan más el cariño de sus hijos que el respeto o la obediencia.

Es llamativo y se relaciona con otra de las paradojas de la paternidad moderna. Según la única encuesta de uso del tiempo que se hizo hasta ahora en la ciudad de Buenos Aires, los porteños trabajan unas siete horas. En promedio, las mujeres trabajan diariamente un cuarto de hora más que los varones. Los hombres dedican sólo 22 minutos diarios al cuidado de niños o adultos que viven en su propio hogar.

La dificultad para equilibrar la vida familiar y la laboral afecta a miles de hogares, incluso en el nivel gerencial. Un estudio de la Escuela de Negocios de la Universidad Austral entrevistó a más de 400 directivos y gerentes. El 71% dijo que la familia es la principal fuente de su satisfacción personal. Sin embargo, sólo destina 16 horas semanales para atender los asuntos familiares, contra casi 50 que dedicada al trabajo.

"El nuevo contexto de demandas lleva a los hombres a preguntarse por su condición de padres y el sentido que tienen los hijos. Los hombres relatan que la paternidad es una de las experiencias más satisfactorias, en la que encuentran gratificación y sentido a sus vidas. Sin embargo, para una proporción cada vez mayor, cuando tiene que enfrentar sus demandas y obligaciones, el hecho de ser hombres se transforma en una experiencia dificultosa, no exenta de conflictos y tensiones", apunta el investigador de Flacso.

El papel de las mujeres en el mercado de trabajo y los cambios culturales respecto de los roles en la sociedad impulsaron también una nueva imagen de padre y madre, dice Carina Lupica, directora del Observatorio de la Maternidad. Sobre todo en niveles socioeconómicos altos, ellas deben ser "madres intensivas" y ellos "buenos padres".

"Está vigente la idea de maternidad intensiva, que pretende subrayar la exigencia de «ser buena madre», entendiendo eso como personalizada y profesionalizada. Las madres con mayores recursos socioeconómicos y educativos en una alta proporción consideran importante tener pocos hijos para poder dedicarles mayor cantidad de tiempo y recursos en pos de potenciar su desarrollo integral. A su vez, se convierten en madres a edades más tardías, entre otras cosas, porque la maternidad es concebida como un proyecto importante, pero no el único en sus vidas", apunta Lupica. "Hoy hay una mayor confluencia del rol paterno y materno ya que los papás tienden a ser más contenedores y cariñosos y las madres participan con el rol de sostén del hogar", agrega Adriana Ceballos, orientadora familiar y vicedirectora de la asociación civil Fundar Valores.

Vale preguntarse a estas alturas: ¿por qué es tan importante para los padres ser vistos socialmente como buenos padres? "Vivimos en un contexto sociocultural mucho más competitivo y los jóvenes papás sienten la presión de la mirada del otro frente al fracaso: hoy a través de los medios, redes sociales, interacción, los padres se sienten presionados por el éxito. El dolor frente a un hijo que no nos hace sentir buenos padres ya es de por sí difícil, a eso hay que sumarle lo que el entorno ve y dice", agrega Ceballos.

Olavarría afirma que a la hora de tomar decisiones sobre el estilo de crianza, de elegir un colegio, de vivir en uno u otro barrio, de frecuentar determinados amigos, de permitirles o no ciertas actividades, de fomentarlos en ciertas habilidades, los padres construyen el mundo social en el que se criarán sus hijos. Allí, los padres reproducen el mundo que ellos valoran. No necesariamente en el que ellos crecieron o en el que viven.

"¿Vos, dónde estás como padre?", es la pregunta que lanza una campaña gráfica de la Fundación Padres para poner acento en la participación de los mayores en algunos de los conflictos que suelen asociarse al mundo adolescente. Esto es parte de la relevancia social que tiene este tema hoy. Esta fundación impulsó distintas iniciativas tanto legales como de concientización -como la próxima campaña- sobre la importancia del rol paterno y materno en los años más difíciles de la crianza de los hijos.

Este grupo -entre ellos un arquitecto casado con tres hijos, Jorge Prinz, y un docente casado con cuatro hijos, Adrián Dall' Asta y un futuro padre, ingeniero industrial soltero de 26 años, Leandro Cuccioli- se planteó la necesidad de involucrarse para generar un cambio social. Organizaron muchos encuentros, como el Primer Congreso Argentino para Padres en La Rural, con más de 1000 participantes.
Evangelina Himitian para La Nación

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