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02.03.2013
Tarjeta amarilla al armario del fútbol
La federación alemana impulsa un plan para ayudar a los jugadores que quieran hacer pública su homosexualidad

"¿Adónde vas si quieres una rebanada de pan?", le pregunté. "Al panadero, supongo". "¿Adónde vas si quieres una pata de cordero?", "Al carnicero". "Entonces, ¿por qué sigues yendo a ese maldito club de maricones?". La extraña conversación figura en la autobiografía de Brian Clough, el extravagante entrenador del Nottingham Forest y se refiere al futbolista Justin Fashanu, antes de que este anunciara públicamente su homosexualidad y comenzara un tortuoso camino profesional y personal que acabó llevándole al suicidio. El 3 de mayo de 1998 apareció ahorcado en un garaje de Shoreditch (Londres) con una nota manuscrita en la que expresaba que "no quiero ser más una vergüenza para mis amigos y familia". Fashanu había sido el primer futbolista profesional de élite que manifestó públicamente su homosexualidad, algo que no le impidió seguir jugando en distintos equipos de varios países, tras haber sido conocido como el primer futbolista negro por el que se pagó en Inglaterra un millón de libras (1,15 millones de euros) por su fichaje. Todo fue demasiado para Justine, al que su propio hermano John, también futbolista, calificó como "un paria".

Fashanu es el emblema de la tragedia, que surgió no por un hecho relacionado directamente con el fútbol, sino por la denuncia nunca probada de acoso sexual que le interpuso un joven de 17 años en EE UU, tras una turbulenta vida de verdades y mentiras en los tabloides y revistas inglesas. "Me pagaban mucho dinero por contar mentiras sobre aventuras amorosas con parlamentarios, deportistas o actores, pero me hubieran pagado más por silenciar mi homosexualidad", señalaba en una entrevista.

El fútbol ha utilizado el escudo de la virilidad para esconder un ambiente homófobo más global que afecta tanto a hombres como a mujeres. Del fútbol femenino se ha dicho que ni es fútbol ni es femenino, expresión suprema de una intolerancia absoluta. Del mismo modo que se asegura que cuanto más violento es el deporte, más lesbianas lo practican. Las chicas del balonmano conocen bien ese estigma, aunque los éxitos a veces parapetan esa violencia social. Poco importó en EE UU que la entrenadora de la selección de fútbol femenino Pia Sundhage o una de sus futbolistas, Megan Rapinoe, fueran lesbianas: habían conseguido el oro olímpico. Lo otro puede esperar.

El viejo y popular refrán español "más vale prevenir que curar" cobrará una inédita y crucial actualidad en el exquisito mundo del fútbol profesional alemán, incluida la selección, cuando la poderosa Federación Alemana de Fútbol (DFB) envíe a todos los clubes de la Bundesliga un documento que tiene como título Umgang mit coming-outs im Fussball, que en español podría llamarse Cómo hacer frente a la salida del armario en el fútbol.

El documento está siendo elaborado por un grupo de ocho expertos que se reunió, por primera vez, en octubre del año pasado y enumera una serie de medidas que pueden ayudar a facilitar la vida de un jugador profesional que haya decidido salir, voluntariamente, del armario, una decisión que podría revolucionar el mundo del fútbol profesional alemán.

"La DFB siempre trabaja en temas sensibles y la homosexualidad en el futbol profesional es un tema altamente sensible", dijo Stephan Brause, un portavoz de la Federación Alemana de Fútbol, durante una entrevista telefónica con EL PAÍS. "Esta iniciativa pretende abarcar dos escenarios posibles: tenemos que saber cómo reaccionar si mañana un profesional sale voluntariamente del armario y también tenemos que estar preparados, si un jugador nos pide ayuda", añadió.

La inédita acción de la DFB también encierra una verdad que aún incomoda al mundo profesional del futbol alemán y a decenas de miles de fanáticos que acuden todos los fines de semana a los estadios germanos para aclamar a sus clubes favoritos. En el fútbol profesional alemán, incluida la selección, hay un número no especificado de jugadores homosexuales que, por temor a ser abucheados en los estadios, no se atreven a hacer pública su sexualidad. Según estudios realizados por distintas universidades inglesas, la mayoría de los futbolistas conocen la homosexualidad de varios de sus compañeros de equipo, aunque son pocos los que lo hacen público.

"La idea nació después de que un jugador profesional homosexual diera una entrevista anónima a la revista Fluter donde confesó la enorme presión que sufre al tener que ocultar su homosexualidad", dijo Stephan Brause, al revelar cómo nació la idea de formar el grupo de trabajo que puede revolucionar el mundo futbolístico germano. "La entrevista tuvo un enorme impacto, hasta el punto de que hasta la canciller Angela Merkel alentó a los jugadores a que salieran del armario", añadió el portavoz de la DFB.

La entrevista en cuestión fue publicada en septiembre del año pasado y, aunque la revista juvenil Fluter no pertenece al mundo periodístico comercial germano (está financiada por un organismo oficial que se ocupa de difundir la enseñanza política en el país), tuvo un gran impacto. El jugador anónimo, además de admitir que soñaba con la posibilidad de visitar un restaurante junto con su compañero, también confesó que conocía a varios jugadores homosexuales de la Bundesliga.

La canciller reaccionó con un raro mensaje de solidaridad dirigido a todos los jugadores gais anónimos de la Bundesliga. En el marco de una ceremonia deportiva y acompañada por Uli Hoeness, presidente del Bayern de Múnich, señaló que la sociedad alemana era tolerante y que nadie debía sentir miedo a causa de su homosexualidad, jugadores profesionales de la selección nacional incluidos.

"Debemos enviar una señal: No debéis tener miedo", dijo la canciller en su mensaje dirigido a los jugadores anónimos. "Debéis saber que vivís en un país donde ya no hay que tener miedo", insistió. "Yo creo que muy pronto uno o varios jugadores se atreverán a salir del armario", añadió Ulli Hoeness, quien puso como ejemplo de la tolerancia que existe en el país al actual ministro de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle. "Él está casado con un hombre", dijo.

No es la primera vez que el mundo de la política reacciona contra la homofobia en el deporte. Hace unos años, el primer ministro británico David Cameron se reunió con directivos, activistas y exjugadores para abordar el problema del racismo y la homofobia en el deporte. El presidente de la federación inglesa auspició la iniciativa Opening doors and joining in (abriendo puertas e incluyendo), que trataba de hacer frente a la obligada invisibilidad de los deportistas gais. De hecho, el propio club de fútbol de Liverpool estuvo representado oficialmente en el día del orgullo gay celebrado en esa ciudad inglesa.

Pero, a pesar de las buenas intenciones de la canciller alemana, del poderoso y famoso presidente del Bayern y de la iniciativa de la federación alemana, las salidas del armario de los jugadores profesionales están marcadas por el miedo a la reacción de los fans que asisten religiosamente a los estadios. "Un jugador homosexual sería destrozado por los hinchas, porque el fútbol, a pesar de la enorme presencia de mujeres en los estadios, sigue siendo un deporte de machos", sentenció Tim Wiese, un exportero de la selección alemana.

Anton Hysen, hijo del que fuera central del Liverpool y del Fiorentina Glenn Hysen, ha sido uno de los últimos en decir públicamente que es gay en la revista Offside. Hysen juega en del club sueco Utsiktens BK que milita en lo que en España sería la Tercera División. Nada más anunciar su orientación sexual, recibió algún correo insultante mientras al mismo tiempo era invitado a participar en todo tipo de programas, realities o incluso en el Festival de Eurovisión. La amenaza o el folclore persigue a los o las deportistas gais.

El miedo es libre, pero en el caso de los deportes superpopulares, tienen el argumento de la implicación del mundo neofascista o neonazi en algunas de las aficiones. Los propios compañeros de equipo no son siempre los mejores apoyos. Las palabras del italiano Cassano, exfutbolista del Real Madrid, entre otros equipos —"Espero que no haya maricones en la selección"—, dieron la vuelta al mundo en la historia de la intolerancia. John Amaechi, el primer jugador de la NBA que anunció su homosexualidad, recordaba en una entrevista a EL PAÍS el pasado año que Tim Hadaway afirmó que "nunca habría aceptado a un homosexual en el vestuario". Steve Hunter, por su parte, aseguró que no le importaba tener un compañero gay, pero puso la siguiente salvedad: "Siempre que no intente ligar conmigo, juegue como un hombre y se comporte como una buena persona". Para rizar el rizo de la intolerancia, la primera pregunta que le hicieron a Amaechi tras decir que era homosexual en la emisora de televisión ESPN fue: "¿Tiene usted el virus del sida?".

Robbie Rogers es un joven estadounidense que jugó en el Leeds inglés una temporada. Cuando anunció su homosexualidad, se retiró del fútbol, con todo el dolor de su corazón: "Era mi escape, mi propósito, mi identidad". "El fútbol escondía mi secreto", escribió en su blog anunciando su orientación sexual y su decisión de abandonar el deporte profesional. Otro estadounidense, David Testo, aseguró cuando hizo publica su homosexualidad que todos sus compañeros, amigos y familia lo sabían y que nunca sintió rechazo alguno por ello. Sin embargo, la palabra que más se repite en el mundo del deporte es miedo: a la reacción de los dirigentes, de los compañeros, del público, de los medios de comunicación...

Para evitar el escándalo y la vergüenza de ser abucheados en los estadios, los jugadores recurren al engaño y se dejan mostrar en compañía de mujeres hermosas y llegan, incluso, al altar, una medida que les permite llevar casi una vida normal, algo más propio de otros tiempos o de sociedades retrógradas. Esta pantalla femenina cobró actualidad cuando a fines de enero un conocido periodista deportivo confesó ante las cámaras de la segunda cadena de televisión pública (ZDF) que había varias agencias especializadas en contratar compañía femenina para los jugadores gais.

"Conozco personalmente a varios jugadores de la selección que han recibido compañía femenina e incluso se han casado, a pesar de ser homosexuales", dijo Rolf Töpperwein. La confesión del periodista, que evitó mencionar nombres, confirmó también unas polémicas declaraciones de la actriz y cantante Georgina Fleur, quien admitió, también en la televisión, que había recibido la oferta de una agencia para convertirse en la novia de un jugador gay de la Bundesliga.

El primer borrador del documento que está preparando el grupo de expertos contratados por la Federación Alemana de Futbol será presentado a comienzos de marzo a los responsables del organismo y posiblemente será repartido a los clubes en abril próximo. "El documento debe ofrecer respuestas a posibles preguntas y con ello permitir que un jugador pueda, después de salir del armario, llevar a cabo una vida normal", dijo Günter A. Pilz, un académico que dirige el grupo de trabajo citado por la revista Der Spiegel. Una de las metas del documento es conseguir que los clubes admitan públicamente que no rechazan la homosexualidad en el fútbol.

En España no se han dado pasos en ese sentido y continúa triunfando un riesgo aún peor que la declaración pública de homosexualidad: el rumor, que ha afectado a futbolistas, entrenadores y deportistas en general, ha sido pasto de los programas del corazón, donde la intimidad es ese oscuro objeto de deseo que no reclama ni respeto ni comprobación.

Las redes sociales e Internet en general están llenas de especulaciones sobre la identidad sexual de los más famosos deportistas, alimentando el cultivo de la sospecha. Iniciativas como las inglesas o alemanas no se han producido en España, como si todo el mundo siguiera la consigna que expresó hace unos años el entonces entrenador del Athletic de Bilbao, Joaquín Caparrós: "En España no hay futbolistas gais, por eso no salen del armario". Y punto.

Eduardo Rodríguez Álvarez y Enrique Muller para El País

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