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16.06.2013
¿Qué tiene Almodóvar en la cabeza?
Es fotofóbico, sufre cefaleas y tiene problemas de sueño, pero su mente es una usina inagotable de ideas. Entrevista exclusiva en Madrid con el genio del cine español
Pedro Almodóvar es fotofóbico. El mismo creador de universos de colores estridentes, quien ha ordenado luz, cámara, acción infinitas veces, encuentra su refugio en la sombra. Jamás sale de su casa sin sus enormes anteojos oscuros, casi azabaches.

Camina solo por una callecita angosta, de espaldas a la imponente plaza de Toros de Las Ventas. El barrio de Guindalera no se parece a sus vecinos: ni a Salamanca, con sus sofisticadas tiendas de marca y sobrios edificios, ni a El Viso, tierra de embajadas y colegios bilingües. Pandora, la pequeña escuela de cine y teatro vecina a El Deseo, la productora del director, aún no amanece. Una abuela camina de la mano con su nieta, rumbo al parque Eva Perón, y un grupo de jubilados juega a las cartas en una mesa en la calle.

Media hora después de haber salido de su casa, Almodóvar llega a la oficina. Esa marcha, ida y vuelta, es el único ejercicio que le permite la agenda al realizador ganador del Oscar (Todo sobre mi madre, Hable con ella). En su rutina diaria jamás da tregua a la escritura. No es una cuestión de entrenamiento ni disciplina. Crear historias, diálogos y personajes es para él una necesidad vital.

Se asoma a la cámara de seguridad para anunciarse, pero la recepcionista se anticipa. Se abre primero una puerta corrediza que conduce a un pasillo custodiado por una enorme foto en blanco y negro del director junto a su hermano Agustín, el productor de todas sus películas. Luego ingresa por una puerta de vidrio macizo. Saluda sin sacarse los lentes de sol y comenta con un colaborador que el próximo fin de semana asistirá a un casamiento.

En El Deseo reina el rojo: rojo es el perchero; rojo es el cesto junto al dispenser de agua; rojos son, en su mayoría, los biblioratos; rojo es el color que destaca de los afiches de sus películas que cuelgan orgullosos de las paredes. Seis floreros con astromelias recuerdan que la primavera acaba de comenzar. Almodóvar se acerca al ascensor, también rojo, y se inclina ante unos paquetes recién llegados. Sobre ellos descansa un cuadro, un círculo construido con pequeños mosaicos. Está boca abajo, delatan las inscripciones. Le llama la atención la imagen. No la toca ni cambia su disposición. Se inclina y gira su cabeza casi en 180° para poder apreciarla. La estudia en silencio. Se vuelve a erguir y la deja en su lugar. No llama al ascensor. Sube a su despacho por las escaleras.

Almodóvar encuentra belleza en el caos. Sabe apreciarla y contemplarla. No toca ni acomoda la realidad a su antojo. La narra tal cual se le aparece.

Antes de comenzar a hablar corre un paño de las cortinas que dan a la calle para oscurecer la oficina. Ofrece café, agua y gaseosa. Insiste amable. Aparta del primer plano de su escritorio un ejemplar del matutino El País y despeja la mesa. Almodóvar no suele dar entrevistas. "Hubo un tiempo en el que se había convertido en lo único que hacía. Me quitan tiempo de escritura", se excusa. Pero en el presente hay dos hechos que le interesa comunicar: su nueva película y la crisis que atraviesa su país.

El mes próximo se verá en la Argentina Los amantes pasajeros, su regreso a la comedia, en una historia protagonizada por Javier Cámara, Cecilia Roth y Lola Dueñas, entre otros. Un avión parte de España rumbo a México y poco después de despegar aparece una falla que obligará a realizar un aterrizaje de emergencia.

-Se puede realizar una lectura política y social de Los amantes pasajeros.

La historia es deliberadamente irreal, no pretendo decir que esto ocurra en los aviones. Es un capricho cómico. Pero si vives en España, es más sencillo tener otra interpretación. Soy consciente de que el público local la entenderá de otro modo, porque lo que ocurre en la película tiene que ver con el aroma, con una sensación específica y con un clima de corrupción financiera. Los pasajeros de este viaje están en una situación de una enorme incertidumbre y de miedo de aquello que vaya a ocurrir de modo inmediato.

-La clase media se lleva la peor parte.

Es la clase media descabezada. A quien más ha afectado los recortes. Son el combustible de la sociedad. A mí lo que más miedo me provoca es dónde vamos a aterrizar. Últimamente hay mucho movimiento de protesta ciudadana y eso es bueno, pero mi planteo es que necesitamos una pista de emergencia, conocer y confiar en quién maneja. No quiero ser pretencioso, también se puede ver la película sin tener que comprenderla así.

-La crítica hablaba de un cine más oscuro que había aparecido en sus últimas películas, con La piel que habito (2011), que tuvo momentos de intensa crueldad. Sin embargo, usted contradice esos argumentos y regresa a la comedia, ¿por qué?

En mi cine siempre ha habido humor. Lo cuelo en mis dramas. Me gusta mezclar los géneros. Pero esta es una comedia pura. Tiene que ver con querer, en cierto modo, regresar a los años 80. Quería recuperar esa libertad, esa frescura. No siento que la haya perdido, pero realmente buscaba retornar un poco a esa sensación de mi juventud.

-Y a nivel personal, ¿en qué ha cambiado su vida de los años 80 a esta parte?

Cuando salimos del régimen de Franco llevaba una vida más de exteriores, nocturna, con mucha actividad social. Ahora vivo más recluido, quizá por eso mis historias ahora tengan que ver más con interiores. Vivo en soledad, pero no es esa cosa legendaria del autor encerrado. Hago una vida normal. Es una necesidad biológica. Estoy en la calle todos los días. Me encuentro con gente real a lo largo de los kilómetros que camino.

Almodóvar es el director español más prestigioso y popular de su país. El escritor Vicente Molina Foix escribió: "Fuera de España, para el público, Almodóvar es España". Este argumento no sienta del todo bien al realizador, quien ha retratado a su pueblo en La flor de mi secreto y en Volver, pero que busca expandir sus fronteras y hablar de temas universales, aunque España se cuele por cada uno de los poros de sus escenas.

Ya está trabajando en su próxima película. "Tengo muchas ideas y quiero realizar una clara defensa de un montón de derechos que parecería que estamos perdiendo. Es sobre mujeres: españolas y de otras culturas, también. Allí quiero hablar de algo que me preocupa mucho, que es el aborto [se estudia un proyecto de ley que busca reformar la ley vigente de la interrupción voluntaria del embarazo]. Temo mucho que se llegue a aprobar aquel retroceso. Sería regresar a los años cincuenta."

El don y el látigo

En el prólogo de Música para camaleones, Truman Capote escribe: "Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo, y el látigo es únicamente para autoflagelarse". Almodóvar toma esta frase en Todo sobre mi madre y se la hace decir a Esteban, el adolescente que quería ser periodista. Después el cineasta dirá que toda su filmografía es, en gran medida, autobiográfica, y que todos sus personajes se le parecen en algo.

Pedro Almodóvar nació en 1946 en Calzada de Calatrava, en el seno de una familia humilde. De la mano de su hermano mayor, Agustín, conoció el cine. Ese mundo de estrellas y divas, de tonalidades chillonas del Technicolor y de pasiones desenfrenadas, lo fascinó. No era el abismo que había entre su pueblo de Castilla La Mancha y Hollywood lo que lo cautivó. Enseguida comprendió que no se trataba de universos distantes: aquel, el que aparecía en la pantalla, era su verdadero mundo.

Su llegada a Madrid coincidió con el auge del punk y de aquellos años conocidos como el destape. Para sobrevivir trabajó como auxiliar administrativo en Telefónica, un empleo que le permitió costear sus dos primeras producciones: Pepi, Luci, Bom, y otras chicas del montón (1980), y Laberinto de pasiones (1982). Por entonces integraba una banda de punk donde hacía performances y se vinculó con los actores del under, entre ellos, Carmen Maura. "Con la muerte de Franco, los jóvenes españoles teníamos que darnos prisa y ponernos al día con un montón de movimientos musicales y artísticos que nos habían sido vedados." Esta atmósfera es la que se respira en su ópera prima, donde Alaska interpreta a la genial Murciana marrana. Llegó a solicitar seis licencias sin goce de sueldo. "El contraste era muy fuerte entre mi labor, de día, en la oficina, un almacén local, y los eventos y estrenos a los que asistía, de noche. Hasta que finalmente me pude independizar."

-¿Hoy puede hacer una vida normal? ¿Cómo se lleva con la popularidad?

Puedo caminar por la calle, pero hay horas y sitios que tengo que evitar. Si no pudiera andar solo por Madrid, me iría a vivir a otro sitio. Creo que iría a París, donde respetan mucho la intimidad. La gente me aborda, pero a veces estoy muy apurado y les digo que no me puedo detener. Una cosa es la popularidad y otra es el éxito. La primera es menos útil que la segunda.

-¿Qué logró con el éxito?

Comprarle a mi madre la casa de sus sueños, en su pueblo.

-¿Cuál es su rutina de trabajo?

El trabajo ocupa la mayor parte de mi vida. Pero no lo vivo como un trabajo. Nací en el lugar equivocado y pude cumplir mi sueño: hacer cine. Por eso lo tomo tan en serio y voy a pocos eventos y a cosas que me distraigan. Este es el camino que elegí.

-Hace poco se lo pudo ver en Nueva York, en la gala del Metropolitan, codeándose con los astros de Hollywood.

Bueno, quizá me volví más selectivo. Si asisto a algún evento, voy sólo a los más grandes. La pasé muy bien entre todas esas celebridades, brindé y hablé con mucha gente, tomé mis propias fotos y escribí una crónica sobre esa velada.

-Una actividad propia de Capote.

A él me encomendé.

¿Usted escribe pensando en los actores que van a interpretar esos papeles?

La escritura es un proceso que me lleva mucho tiempo. Creo varias historias a la vez, hasta que una destaca sobre las demás. Pero hay un tiempo en el que conviven, hasta que llego a tener un primer borrador y se lo entrego al equipo de producción. Ahí empiezo a buscar a los actores. Hubo ocasiones en las que sí tenía a alguien presente. En Los amantes pasajeros siempre estuvo en mi cabeza Javier Cámara y Lola Dueñas. En Volver sí sabía que sería para Penélope Cruz, y en Todo sobre mi madre imaginaba a Cecilia Roth. También me pasó con Carmen Maura en Mujeres al borde de un ataque de nervios y con Antonio Banderas, en Átame.

-¿Por qué regresa siempre a los mismos actores?

Hay actores con los que he actuado mucho [sic]. Con Carmen, por ejemplo, que estuvo en seis de mis películas. Cuando termino de escribir empiezo a llamar a actores que conozco y con quienes sé que es agradable reencontrarme, porque los quiero. Pero también busco incorporar savia nueva.

Almodóvar es considerado un verdadero maestro para retratar el universo femenino. La maternidad, la seducción, los celos, el amor, el desengaño y la infidelidad cobran un relieve notorio en sus historias. Chus Lampreave le dice a Marisa Paredes en La flor de mi secreto: "Sin hombres, nos perdemos como vacas sin cencerro. Cuando nuestro marido se muere o nos deja por otra, que es lo mismo, tenemos que volver al pueblo: estar con las vecinas, tomar el fresco y rezar las novenas, aunque no seamos creyentes".

-Se lo asocia a usted con el melodrama, ¿es esa su visión del mundo?

Depende. Hay días en los que estás mejor y ves las cosas con ojos positivos, y otros en los que estás más hundido. Vivimos en España el peor momento que existe desde la llegada de la democracia. Siento preocupación, pero tengo un carácter positivo y vital.

-¿Hay una idea que busque plasmar sobre la relación de pareja?

Los seres humanos tenemos una naturaleza contingente e imperfecta. No sé si sea necesario casarse. Es que desconfío que haya dos personas, del mismo sexo o de dos sexos distintos, que se entiendan al 100%. Eso no quiere decir que uno deba vivir solo o no emparejarse. Cada uno hace lo que le conviene. Pero lo que le conviene es imperfecto y con problemas. Lo mejor que se le puede desear a alguien es que viva con alegría.

-¿Qué le parece el tema de Joaquín Sabina Yo quiero ser una chica Almodóvar?

A mí no me gusta, no me parece que sea una de sus mejores canciones. Me resulta muy duro, muy difícil hablar de chicas Almodóvar. He tenido la suerte de trabajar con las mejores actrices de todos los tiempos del cine español, y allí la incluyo a Cecilia Roth. Mis películas no serían las mismas si no hubiesen estado ellas. Lo que quiero decir es que todas han tenido impresionantes carreras antes, durante o después de haber trabajado conmigo. Nunca vas a escuchar decir de mi boca una chica Almodóvar.

-¿Es cierto que interpreta cada una de las escenas y de los personajes en el set de filmación?

Sí [risas]. Creo que eso es una pesadilla para los actores. Hago todos los papeles porque necesito meterme dentro del actor y recorrer su mismo camino. Experimento porque yo puedo, como director, permitirme ir más lejos que ellos y hacer cosas grotescas, improvisar. Todo eso sirve para que, en el mejor de los casos, haga el ridículo y el actor se ría. Y además logro tener un conocimiento mucho mayor de la situación y de lo que les puedo pedir.

-¿En cuánto se parecen sus personajes de las personas que conoce?

Bastante, pero mis personajes tienen una libertad absoluta, total, una autonomía moral única. Mujeres, hombres, amas de casa, monjas, cualquier clase social, a todos se las otorgo. Esta es una posibilidad que tengo como escritor. Y jamás los juzgo.

-¿Y en cuánto se asemejan estos personajes a usted?

Me siento una mezcla de varios de ellos, tanto masculinos, como femeninos. Me siento identificado con su vitalidad, con la falta de prejuicios, y en especial, con su pasión. Aunque yo me entrego mucho menos que ellos [risas]. De todos modos, siempre estoy en mis películas, pero me escondo en mis personajes. Todos tienen algo de mí.

Protagonista de su propio camino

Detallista, exquisito, obsesivo, visceral. Almodóvar se recluye en su familia -su hermano Agustín y sus hermanas, quienes tienen un bajísimo perfil y cuyos rostros no se conocen- y su núcleo íntimo. Desprejuiciado en sus historias, se considera púdico para hablar sobre su vida privada, incluso con sus seres más cercanos. Recluido de la escena pública, en soledad, su cabeza está en constante estado de ebullición. Con ella teje ideas de modo incesante y crea poderosas imágenes. Su expresión no difiere mucho de ella. Es verborrágico y tiene una muletilla, un ehhh prolongado que utiliza para que no cese la tensión ni aparezca el silencio.

-¿Dónde encuentra su cable a tierra? ¿Hace terapia?

Uno debe encontrar apoyo en la vida donde sea. Tengo desde hace mucho tiempo problemas de sueño y dolores de cabeza. Hice una terapia dinámica con un psiquiatra que vive en Nueva York. Allí los tres mejores psiquiatras son españoles, y además sevillanos. Es sorprendente. Fui a ver a uno de ellos cuando estuve allí la semana pasada. Me interesaba saber cómo la ejercía. Me dijo que cada vez se practica menos el psicoanálisis. Y también lo consulté por otros temas, porque lo hago a menudo con mis personajes. Les cuento a los profesionales sobre ellos. No los califico, pero quiero situarlos bien, hacerlos verosímiles. Algunos de ellos son verdaderos psicópatas.

-Como Benigno, en Hable con ella

Sí, un dulce psicópata. Alguien que entiende la vida de un modo totalmente distinto a lo que es la realidad, pero no le hace daño a nadie. Quise mostrar que era un ser humano y lograr la empatía con ese ser tan terrible. Ese era mi objetivo y creo que lo conseguí.

-¿Es esa su película preferida?

Hice 19 películas y no estoy absolutamente satisfecho con ninguna. Sí con algunos trozos de ellas. Hay algunas que no me gustan, pero no diré cuáles son. Sí, quizá, Hable con ella sea de las películas donde todo corresponde a lo que yo quería lograr, a aquello que estaba en mi cabeza. Es también una de mis películas más difíciles.

-¿Cuál es su motor, qué lo mueve?

Estoy contento con el trabajo que tengo y con lo que conseguí. Hago lo que había soñado cuando vivía en La Mancha. Era imposible que un niño salido de allí se convirtiera en director de cine. Pero de todos modos no estoy pleno ni satisfecho. Tengo mucho más para dar. Y no lo digo como frustración.

-¿Alguna vez va a estar satisfecho?

Creo que no, y también espero que siempre haya un poco de insatisfacción en mí. No porque sea eso lo que me mantiene vivo, sino porque creo que lo que uno persigue en la vida, ya sea en una película, con tu familia, con tu pareja, con tu trabajo, con lo que fuere, todo es posible de conseguir. Todo se puede lograr. Pero para ello tenés que recorrer el camino e identificarte con él. Yo me identifico absolutamente con el camino que he recorrido, con lo bueno y con lo malo.

Siete cosas que no sabías de él

  • Almodóvar nunca quiso dirigir en Hollywood. Rechazó hacer Cambio de hábito, con Whoopy Goldberg, y ¿Reinas o reyes?, con Patrick Swayze.
  • Su hermano Agustín, productor de todas las películas, aparece en cameos en la filmografía completa. Su madre, Francisca Caballero, también estuvo en ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Kika y Átame.
  • El único guión que adaptó para el cine es La piel que habito, basada en la novela Tarántula, de Thierry Jonquet. El resto de sus películas son guiones originales.
  • "No me gusta Vicky Cristina Barcelona", dijo sobre la película de Woody Allen que le valió un Oscar como mejor actriz de reparto a Penélope Cruz, una de sus musas.
  • La escritura de La mala educación, sobre un sacerdote homosexual que se obsesiona con un niño, le llevó diez años.
  • El diseñador Jean-Paul Gaultier le propuso matrimonio en un homenaje que se le rindió al director. El francés y el español son muy amigos, y el primero le ha diseñado el vestuario de sus películas en varias ocasiones.
  • De vacaciones en la isla de Lanzarote, tomó una fotografía de un paisaje. Cuando reveló el rollo quedó cautivado con una pareja furtiva en la que no había reparado cuando tomó la foto. Ese fue el detonante para escribir Los abrazos rotos.
Laura Ventura para La Nación

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