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02.09.2013
Un actor que se multiplica
Este año trabajó en cinco propuestas y ahora protagoniza, al mismo tiempo, El hombre elefante y Company
Es la primera vez que le sucede. En una temporada participó de cinco espectáculos. Alejandro Paker lo cuenta con mucha tranquilidad, como si fuera algo natural. El repaso de los títulos es interesante. En verano estrenó Humores que matan, de Woody Allen; luego vino la reposición de Casi normales, de Brian Yorkey; hace menos de un mes, El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry; acaba de estrenar, en el Astros, El hombre elefante, de Bernard Pomerance, y, desde mañana, será el turno de otro musical, Company, de George Furth y Stephen Sondheim, que subirá a escena en La Comedia.

El hombre elefante es un proyecto por el que viene peleando desde 2008. Después de aquella composición magnífica que hizo del maestro de ceremonias en Cabaret (2007), decidió que quería protagonizar la pieza de Pomerance que, desde 1979, se representa con éxito en los más diversos escenarios del mundo. En ella se retrata la vida de John Merrick, un hombre que padece de neurofibromatosis, una enfermedad incurable que provoca severas deformaciones corporales.

En Londres, en plena época victoriana, él sobrevivía como atracción de feria hasta que el médico Frederick Trevers lo rescató. "¡No soy un animal! ¡Soy un hombre! ¡Soy una persona!", argumentaba Merrik, mientras la sociedad de su tiempo se burlaba de él.

La historia de este hombre singular tuvo también una versión cinematográfica estadounidense, en 1980, dirigida por David Lynch. Muchos también recordarán la versión porteña, también apoyada en la obra de Pomerance, que interpretaron Miguel Ángel Solá y Soledad Silveyra, con dirección de Emilio Alfaro, en el mismo año.

"Realmente hice un trabajo de hormiga -dice Paker-. Empecé compartiendo el proyecto con amigos actores y luego busqué productores. Finalmente lo logré, con el apoyo del productor Gabriel García y el director Daniel Suárez Marzal." El atractivo elenco está conformado por Gustavo Garzón, Raúl Rizzo, Marcelo Xicarts, Graciela Tenenbaum y Julieta Cayetina.

-¿Por qué te interesaba tanto esta pieza?

-Me toca muy personalmente. Tengo un hermano discapacitado y, cuando la leí, vi mucho de lo que le pasa a él. Son los seres a los que menos se defiende o los que menos pueden gritar, hacer oír su voz. No participo de ninguna fundación de apoyo a nada. El escenario para mí, muchas veces, es una manera de generar preguntas, debates. No de hacer política. Ésta es una obra que ni siquiera tiene un solo punto de vista, no es moralista. Invita a la pregunta. Cuando hablamos de inclusión, ¿nuestro discurso es realmente sincero? O responde a cuestiones políticas y en beneficio propio. La obra cuestiona a los seres humanos y observa cuán deformes somos internamente. Y también habla de esa necesidad que a veces aparece, en alguna gente, de hacer ver a estos seres como "normales" cuando en verdad son diferentes, tienen otra manera de sentir, de pensar. Con mis personajes intento crear controversia y que cada uno elija su final. Lo interesante de la obra está en aquello de lo que no se habla. La respuesta está del otro lado.

Desde hace un año Alejandro Paker tiene un riguroso entrenamiento corporal con una acróbata y bailarina. No quiere que las deformaciones que exige el personaje se completen con prótesis. Su cuerpo entrenado recuperará las múltiples formas que definan la realidad de ese hombre que compone.

La tarea de introducirse en ese mundo no ha sido sencilla. El actor lo cuenta así: "Siempre recurro a lo personal para mis composiciones. Más de una vez yo me he sentido discriminado por ser rosarino, petiso, flaco, católico u homosexual. Siempre me he sentido discriminado y corrido de lugar o no considerado por no tener, por ejemplo, los cánones de belleza que el medio exige. Todas esas cosas las uso en favor de la psicología de este personaje. Cuando me han discriminado no me he deprimido, por el contrario, sentí más garra para luchar, para hacerme mi espacio de. «diferente» [risas]. Me catalogan como actor de musicales. Me peleo con los rótulos y las etiquetas. Soy un actor, pero puedo hacer musicales, drama o comedia."

-¿Creés que tu trabajo en Cabaret posibilitó una fuerte proyección de tu carrera?

-Sí, definitivamente. Creo que a partir de ahí empezaron a verme. Lo bueno es que pude hacer mi versión de ese personaje. También me fortaleció mucho. Venía de varios años de trabajar de manera muy dispar. Incluso en 2006 había audicionado en cuatro musicales y no había quedado en ninguno. Mi opción era irme a España, a buscar trabajo. En el marco de esa situación crítica puse tanto que conseguí ese papel. O quizá puse todo. Y verdaderamente fue muy importante.

-Acabás de recrear al aviador de El Principito y estás por estrenar Company , un musical de culto dificilísimo. ¿Cómo es este proceso de andar con tantos personajes a cuestas?

-Es difícil. Cuando dejé Casi normales y comencé a ensayar El Principito, no lograba conectarme con el mundo interno de mi personaje. Eduardo Gondell, el director, me dijo: "Hay un período natural de duelo con un personaje hasta que nace el otro". En la cocina de la creación te desesperás. Yo quería resultados, y eso es lo bueno del teatro: saber que no es milagroso y que no sucede en un instante. Es producto del laburo diario. Company es una comedia clásica. Tiene una mirada nada romántica acerca del amor y las relaciones. Bobby, mi personaje, cumple 35 años y no quiere cumplirlos. Todos sus amigos están en pareja y él está solo. Y empieza a cuestionarse esa realidad. Estar con alguien significa mucho más que estar acompañado. Y mientras reflexiona sobre estas cosas se da cuenta de la realidad de los otros, de esas relaciones que se sostienen con la mentira, el engaño, la infidelidad. Ellos, aun así, se tienen, se acompañan, se arrepienten de estar juntos, pero eligen estar juntos. Es un proyecto muy interesante, también con una mirada no tan digerible para el público. Audicioné para formar parte de este elenco y quedé. Lo bueno es que, como tendrá una función semanal, podré hacerlo.

En el marco de tanta actividad Alejandro Paker, indudablemente, se siente pleno, sobre todo porque logró poner en marcha un arriesgado proyecto personal. "Lo que más me da felicidad -explica- es comprobar que mi locura contagió a un montón de otros locos."

Tiempo de reflexión

"Me parece que estamos poco preparados para modificarnos. Seguimos teniendo ideas muy herméticas respecto de la normalidad. Se han producido grandes cambios, es cierto, pero para muchos normales aún sigue habiendo gente anormal. Es difícil luchar por la normalidad. Ese planteo en esta obra es extraordinario." Lo dice Daniel Suárez Marzal, director de El hombre elefante, destacado creador dentro del mundo del teatro y de la ópera.

Suárez Marzal reconoce que la versión de Pomerance, sobre la historia de John Merrick, es sumamente atractiva. Destaca la extraordinaria y compleja dramaturgia que pide a los actores que recreen dos personajes, en apariencias muy opuestos, pero cuyos discursos posibilitarán escuchar las múltiples voces de una sociedad acosadora.

"La obra expone un retrato ético que está faltando. No es habitual encontrar piezas que remuevan el pensamiento desde la ética pura, desde la religión, desde los posibles ángulos desde los que hay que revisar una historia", comenta el director.

-¿Por qué creés que han desaparecido este tipo de textos?

-Es difícil de explicar. Yo, por ahí, tengo mala suerte. Cuando voy al teatro, no encuentro este tipo de piezas. Me cuentan una historia, pero no me provoca grandes reflexiones. El teatro es el arte por excelencia de la reflexión. La televisión, la radio, se ocupan de lo suyo. El teatro tiene que seguir ocupándose de dónde venimos, a dónde vamos, por qué somos esto.

Carlos Pacheco para La Nación

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