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13.09.2013
El sorprendente Reinhold
Más existencialista que nunca y harto de trabajar con gente con la que no la pasaba bien, decidió producir su propio music hall, junto con Ivanna Rossi y Sebastián Codega

"Me salteé las últimas tres comidas", dice Diego Reinhold, vegano e hiperquinético, delante de dos empanadas de verdura que tardará en comer, atento a la entrevista y a todos los movimientos de la sala. Acaba de terminar el ensayo general de BULeBU , espectáculo con el que debuta como productor. Está recién llegado de Talampaya, provincia de La Rioja, adonde asistió a un encuentro espiritual: "Es un evento new age que promueve el trabajo con uno mismo y la experiencia de la noche junto a gente que sabe mucho de contactismo [guías extraterrestres]". Cuando promedia el día, Reinhold sabe que su agenda está completa: tiene pendiente una nota para la televisión, la sesión semanal con su analista y cientos de llamadas que debe hacer para poner a punto su espectáculo.

Pocos humoristas como él saben sacarle tanto provecho a las palabras y con tanta originalidad. No sólo es dueño de una plasticidad sin límites y de un histrionismo que desborda el escenario. A los 40 años, sigue deslumbrando con sus ideas y desplegando su don para expresarse con la voz. Y, claro, todo con mucho humor.

Cantante y bailarín, pero sobre todo una usina de ideas, todos esos atributos lo convirtieron en un referente del stand up local, como lo prueba Rococó, el espectáculo que presenta los jueves, a las 23.30, en Paseo La Plaza, junto a Maju Lozano, Natalia Carulias, María Carámbula y la Srta. Bimbo Godoy.

-¿Qué te inspiró para crear BULeBU?

-Tenía ganas de meterme con el lenguaje de la música, crear un espectáculo sofisticado, con canciones cantadas a distintas voces, donde hubiera zapateo americano, proyecciones, mapping en vivo, instrumentos raros. Este show es la última versión, de modo que quedó mucho material afuera, con el que podría hacer otro espectáculo.

-Tu trabajo siempre revela un especial interés por la tecnología.

-Sí. Suelen ofrecerme técnicas que tienen que ver con pantallas de petróleo transparente o con otras novedades, pero nunca tomo estas innovaciones en función de lo que cuento. Es al revés.

BULeBU es un espectáculo de baile y show, y su banda sonora -una conjunción de jazz, boleros, rumba y aires de Fred Astaire- está inspirada en los años 50 y 60. Con dirección musical de Nicolás Sorín, en esta oportunidad Diego está acompañado por el matrimonio que conforman Ivanna Rossi (la atribulada víctima de Alzheimer en Forever Young) y Sebastián Codega (Cats, Swing Time).

Un tipo leal, un tipo normal

A los 13 años, Diego ingresó en la escuela de Hugo Midón. No le gustaba ir al colegio ni la pasaba demasiado bien. Encontró en el teatro un espacio donde se sentía a gusto. A los 17 , Midón lo llamó para que hiciera su debut, nada menos que en el papel central de El imaginario. Desde entonces mantuvieron una relación artística muy fructífera: continuaron juntos en El gato con botas, Locos recuerdos, La vuelta manzana, Huesito caracú y Hotel Oasis.

Más de dos décadas después de aquel debut promisorio, Reinhold exhibe orgullosamente una carrera rica en matices: trabajó en musicales tan aclamados como Gypsy, Boquitas pintadas, Jazz, swing, tap, Mina... che cosa sei... y El pasajero; incursionó en la revista con Incomparable y Deslumbrante, e integró el elenco de la saga Cómico Stand Up. Además, brilló en Los exitosos Pells y condujo Demoliendo teles.

Este año fue parte del elenco del Stravaganza, estados del tiempo, uno de los mayores éxitos de la temporada, en Villa Carlos Paz. Y siguió con su participación en Desayuno americano, cuando era conducido por Ernestina Pais. Se desvinculó de ambos proyectos. En el espectáculo de Flavio Mendoza, presentaba aquél número en el que construía un relato utilizando nombres de calles, que le otorgó tanto reconocimiento del público. Diego no quiso renovar su contrato: el ritmo le resultaba agotador y él se encargó de decirlo a los cuatro vientos.

-¿Honestidad brutal?

-Cuando algo no me gusta, me da gastritis, me peleo conmigo mismo. Tuve que parar de hacer esas obras que hacía y de trabajar con esa gente con la que trabajaba.

-Lo decís por Stravaganza.

-Y otras más, pero no viene al caso.

-¿Qué pasó con los derechos de autor de tus cuadros?

-Fue.

-El público sabe que son tuyos.

-Pero terminó. Los perdí. Me hizo mucho daño. Soy un tipo leal. No quise hacer lío.

-A partir de ese momento te alejaste un poco de todo. ¿Es así?

-Sí, cuando me di cuenta de lo que había pasado, me angustié. Pensé que aquel era mi lenguaje, que lo había encontrado. Y de repente apareció alguien haciendo lo mismo que yo. Empecé a hacer conjeturas ridículas a partir de mis propias inseguridades. De todos modos, agradezco esas situaciones tan tristes que me tocó vivir: fueron un gran aprendizaje.

-¿Qué aprendiste?

-Ahora estoy eligiendo, por eso trabajo con mis amigos. No soy un tipo muy seguro de mí mismo. Cuando aparecía una oportunidad, no podía negarme. Aprendí que no hay que hacer eso, si no, todo se reduce a una mera acumulación.

Diego se define a sí mismo como un "tipo feliz". Su profesión le permitió comprar una casa con pileta, en el barrio de Chacarita, donde se refugia de todo en compañía de su gato Richard ("el más lindo del mundo"). "Debo sonar a Osho con todo lo que te digo, pero es muy simple lo que pienso de la vida y el cosmos", advierte. Enemigo del chiste fácil y escatológico, puede acudir a un lenguaje algo sofisticado en el que se cuelan palabras como "sinapsis", "epifanía" y "semántica".

-¿Dónde nace ese lenguaje?

-Siempre fui de asociar cosas, ideas. Eso es el humor: la asociación libre, la yuxtaposición de universos que son difíciles de unir. En esos chispazos aparece la risa. Leí mucho. Igual ya no quiero leer más, no me gusta más la ficción, no me gusta más el papel, su olor. Ahora quiero que todo sea audiovisual.

Cuando se le pregunta si pretende dejar un testimonio, Diego Reinhold se ríe antes de responder. "Soy bastante fascista en mi manera de pensar. Pero no quiero convencer a nadie. Busco ejercer mis nuevos paradigmas, es decir, descubrir el ser a partir de tanto dolor atravesado. Soy sólo una persona normal", dice, como si nada, y se va.

Cosas de vida o muerte

El día de su cumpleaños número 11, Diego sufrió una descarga eléctrica cuando quiso abrir la heladera. Cuando se lo consulta sobre el episodio infantil, no habla de un túnel, pero sí de un "más allá", de una "visión".

-Ahora que sos adulto, ¿cómo interpretás aquel hecho? ¿Zafaste?

-Te diría que no zafé, que sucedió así, simplemente. Quizá morir hubiese sido zafar. La vida y la muerte son absolutamente lo mismo.

-¿Sí? ¿Qué podemos hacer entonces para distinguir una de otra?

-Para mí la vida es eterna y no tiene ningún valor moral. Me da igual que alguien me mate, pero no me voy a entregar por una cuestión instintiva.

-¿Tenés miedo a la muerte?

-No. Nada se puede perder. Nada es tuyo. La idea de la propiedad privada es una idea creada por vos.

-¿Y si te roban tu vida?

-No era tu vida. En el momento en el que moriste, bendito el que te mata. Somos todos parte de un gran plan cósmico. El destino es imposible de cambiar.

-En BULeBU, tu monólogo final está consagrado a la muerte. ¿Por qué?

-No sabía de qué hablar y quería lograr un buen cierre. El tema está bueno porque dejás a la gente frente a un abismo y ahí es donde vos ganás. Ya de por sí los provocás con algo contundente. Eso fue lo que me propuse. No ofendo a nadie, no le falto el respeto a nadie. Esto tampoco es humor negro. Si podés hacer humor con la muerte, podés hacer humor con cualquier cosa..

Laura Ventura para La Nación

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