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15.07.2014
El rostro del teatro musical
Omar Calicchio trabaja en tres de los mejores musicales en cartel
Su ritual jamás concluye si no se da una ducha en el teatro después de la función, y en esta temporada pueden ser hasta tres los baños diarios que toma Omar Calicchio. En el Cervantes y en el Lola Membrives, después de interpretar a un astronauta olvidadizo o a un mecánico romántico, el actor emprende con alegría este acto purificador que le permite salir de su personaje.

Omar graba el disco de El cabaret de los hombres perdidos, un hecho inédito para un espectáculo del off (en julio el musical se toma un breve receso para concluir el CD, pero regresa en agosto al Molière). La obra ("patética, dramática, trágica y brillante") llegó a Omar de la mano de la directora Lía Jelin. "Mi representante/hermano/socio, Gonzalo Castagnino, me ayudó a emprender esta locura. Compré los derechos y empezamos a producirla. Empecé a llamar a toda esa gente que durante mi carrera me había dicho que contara con ella si algún día era necesario. Nadie me falló. René Diviú, Gonzalo Córdova y Gaby Goldman me dijeron que sí. La única condición que le puse a Lía fue elegir el elenco, e hice una lista con las tres personas con las que quería trabajar: Diego Mariani, Esteban Masturini y Roberto Peloni. Por suerte, también me dijeron que sí". Después vendrían los premios materiales -el Trinidad Guevara, el María Guerrero y el Hugo de Oro al musical del año- y otros intangibles, como la visita de los autores, los franceses Patrick Laviosa, Cristian Simeón, quienes querían ver son sus propios ojos este suceso, interpretado en argentino.

De un musical oscuro a otro lleno de color y con una producción a gran escala, Omar es Bob en Priscilla, la reina del desierto [en algunas funciones interpretó a Bernadette, el personaje de Pepe Cibrián que hoy realiza Moria Casán]. Allí comparte el escenario con su amigo Alejandro Paker. "Hay un mundo de esta obra que conozco bien y que me divierte, el del boliche gay. Aprendí mucho, a la fuerza, en el under". Omar produjo durante muchos años espectáculos en este ámbito con bailarines y músicos, e incluso en muchas ocasiones llevaba a sus amigas a cantar. "Antes de que fueran famosas, llevé a Romina Groppo, a Alejandra Radano, a Elena Roger y a Laura Silva. Eran 4000 personas que se quedaban calladas cuando ellas aparecían."

Versátil, Omar también conoce a otro público exigente. Con Hugo Midón trabajó en Vivitos y coleando, La trup sin fin y Stan y Oliver (junto con Gustavo Monje). "El infantil cambió con Midón porque él comprendió que éste no es un teatro para tontos. Más aún hoy, en los tiempos que corren, donde los nenes entienden todo". Ahora es el turno de El capitán Beto, de Walter Velázquez, el maestro de clown, quien se inspiró en la canción de Luis Alberto Spinetta para contar la historia de un viaje por el espacio, con música original de Gaby Goldman. En esta obra, Omar interpreta a Washington, un científico uruguayo con problemas de memoria inmediata.

Además, de haber hecho teatro para chicos, Omar también trabajó para este público en la TV, en la productora de Cris Morena. Primero, hizo su participación en la versión brasilera de Chiquititas, con un elenco donde se encontraba una niñita llamada Debora Falabella (Avenida Brasil), y luego pasó a la versión argentina de esta historia y se quedó durante 4 años donde interpretó al cocinero del orfanato. No solo actuó para chicos, sino que además fue conductor de Play House Disney, junto con Romina Yan [hija de la productora, quien murió en 2010]. "A Cris no la volví a ver durante muchos años. Hace poco estaba en el Gran Rex, en Señores & señores del musical, y me enteré de que estaba allí. No me animaba a acercarme y di como cuatro vueltas porque le quería dar un abrazo. Es una guerrera."

En el único momento libre que tiene su agitada semana, Omar se sienta en un bar, en la misma mesa donde hace un tiempo le entregó a Javier Daulte una obra escrita por Fernando Albinarrate, el pianista de El cabaret. El compositor y director musical se inspiró en Omar para escribir un musical basado en la vida de Charles Laughton, el célebre actor de la época dorada de Hollywood. Junto a su amiga Laura Oliva, quien interpretará a Elsa Lanchester, la mujer de esta leyenda del cine, se reunieron con el director. "Le llevamos el material con la desesperanza de que nos diría que no, y, por el contrario, nos dijo que estaba encantado." El año que viene se estrenará en una sala a confirmar Ni con perros ni con chicos, sobre la carrera y la vida privada de este astro. "Él era homosexual y Elsa lo aceptaba. Son dos personas que se amaron a su manera, pero se amaron mucho. Ninguno podía vivir sin el otro."

Nacido y criado en Liniers, Omar siempre supo que quería ser actor, sueño que se convirtió en certeza absoluta cuando vio A las mil maravillas, con José María Vilches. Cuando terminó el colegio se inscribió en la universidad para convertirse en analista de sistemas. Trabajó con entusiasmo en Gas del Estado haciendo cálculos financieros en una época donde no existían las computadoras para realizar estas operaciones: "Como odiaba el trabajo, me salía perfecto, y al año me convertí en encargado del sector. Tenía una jefa que me adoptó como si fuese su hijo y que me estimulaba para que fuese actor".

En 1984 ingresó, a los 18 años, a estudiar con Pepe Cibrián, su gran maestro, y al año siguiente debutaba con Mágico burdel. "De él aprendí la disciplina del musical y que no hay modo de hacerla si no es con rigurosidad. Además, con él me aprendí a aceptar a mí mismo y a mi cuerpo", dice quien trabajó con el realizador en Aquí no podemos hacerlo y El jorobado de París, entre otras.

Omar acompañó durante muchos años a los Bottom Tap y siguió haciendo musicales como El hombre de La Mancha, Víctor Victoria, El joven Frankenstein, Boccato di Cardenale, Forever Young, La Parka y tantas otras.

En estos 30 años de carrera, Omar cosechó prestigio por su talento y por un valor hoy menospreciado, su calidad humana. "No vas a encontrar a una persona más buena que él", dice un hombre que se encuentra por casualidad con el actor. "Es difícil definir mi estilo, pero sé que me preocupa ser buen compañero. Tengo que trabajar en un buen clima, si lo paso mal, no puedo seguir", concluye. 

SUS OBRAS EN CARTEL

El cabaret de los hombres perdidos 
Martes, a las 20.30, en el Molière, Balcarce 682 (desde el 5 de agosto)

Priscilla, la reina del desierto
Jueves y viernes, a las 20.30; sábados, a las 19 y a las 22.45; domingos, a las 20. En el Lola Membrives (Corrientes 1280).

El capitán Beto
De miércoles a domingos,a las 15, en el Cervantes, Libertad 815.
Laura Ventura para La Nación

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