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22.09.2015
La bolsa de Doritos Gay pone en pie de guerra a los ultraconservadores
Estos nachos, dicen, incitan a los niños a la homosexualidad. Columnistas y blogueros de Estados Unidos los desaconsejan. Y llaman al boicoteo
¿Puede una bolsa de nachos determinar la orientación sexual de un adolescente? Algunos en Estados Unidos creen que sí. Tras el lanzamiento este mes de una campaña solidaria de la marca Doritos, en colaboración con el proyecto It Gets Better, que brinda apoyo a jóvenes que sufren discriminación en sus colegios por su orientación sexual, blogueros y columnistas conservadores se han rasgado las vestiduras. Doritos Rainbows —que se conoce con Doritos Gay: simplemente nachos de maíz empaquetados en una bolsa con los colores del arcoíris sobre un inocuo fondo blanco— empuja a los niños a hacerse gays, dicen.

El proyecto It Gets Better ("Mejorará") nació en 2010 en Estados Unidos como un canal de vídeos para prevenir el suicido entre jóvenes LGBT. "El propósito es simplemente lanzar un mensaje positivo a esos adolescentes que están sufriendo acoso en los colegios para que sepan que su situación puede cambiar y que hay personas que les quieren como son", explica Gonzalo Garrido, secretario de la organización en España. "Recibimos muchos correos que denotan un alto porcentaje de acoso en colegios".

Sin embargo, poner el foco sobre las agresiones que muchos niños y niñas sufren en la escuela les ha parecido de lo más ofensivo a sectores ultraconservadores estadounidenses. La edición estadounidense de Rolling Stone recogía varias de estas reacciones. "¿Quiere saber a qué sabe lo gay? Pruebe Doritos Rainbows", proclaman con sarcasmo desde la web American Thinker , y añade que al tratarse de un producto dirigido a los niños, los introduce "a los goces de la homosexualidad". Un columnista de Breitbart.com le dedicaba un "chúpamela" a Dan Savage, promotor de It Gets Better, una de esas expresiones que trasluce el conflicto interior de algunos homófobos. En Twitter, el hashtag #BoycottDoritos sirvió de excusa para un sinfín de insultos y comentarios de pésimo gusto.

"Obviamente, no tienen ningún tipo de sentido estos comentarios", zanja el sexólogo Juan Macías. Y explica: "La orientación no es una elección que se pueda manipular desde fuera. Igual que no se puede facilitar o provocar que alguien sea heterosexual, tampoco que sea homosexual". Y añade que el problema está mucho más arraigado de lo que podamos pensar. "Reírse del niño con pluma, o amanerado, es casi un ejercicio de inclusión en un grupo de iguales. Y, además, es mucho más frecuente en población bisexual". El secretario en España de It Gets Better se suma al debate: "El que es, es, y el que sale, sale", dice Gonzalo Garrido. "Hay que aceptarnos como somos. Estas campañas no empujan a nadie. Nadie se hace ni decide serlo. Simplemente cada uno muestra lo que ya es en su interior".

Insultos, burlas, agresiones…

Tratándose de niños y adolescentes, y de situaciones como insultos o burlas que rara vez terminan en denuncia (aunque también se dan agresiones), es difícil precisar la magnitud del problema. Pero hay encuestas, como la realizada para el estudio Convivencia y diversidad (2013), de José Ignacio Pichardo, profesor de Antropología Social de la Universidad Complutense de Madrid. De acuerdo con sus datos, la principal causa de hostigamiento en las aulas, según la percepción de los profesores, es "ser chico y parecer o comportarse como una chica", por encima de ser gordito o por cuestiones de higiene. Cuatro de cada cinco estudiantes ha presenciado alguna vez insultos de carácter homófobo, y uno de cada cinco ha presenciado agresiones. Un 5% de las víctimas ha pensado alguna vez en el suicidio.

La campaña de Doritos no puede ser más blanca. Ni una imagen, ni un mensaje que pueda dar pie a divagaciones. "Lo han hecho muy bien", opina Gonzalo Garrido, "porque al utilizar el blanco, que son todos los colores, con el arcoíris, que simboliza la diversidad, están metiendo a todo el mundo en el mismo paquete, que es lo interesante. De lo que se trata no es de destacar algo, sino de normalizarlo. En el caso de adolescentes, todavía muchos de ellos no se han etiquetado a sí mismos, simplemente se notan diferentes o perciben cierto rechazo, pero no saben ponerle nombre".

"Estas campañas, cuando dan un mensaje de diversidad y se hacen desde el respeto, son totalmente favorables", comenta el psicólogo y sexólogo Juan Macías. "Permiten que los referentes de los menores sean más amplios y tengan menos prejuicios. Otra cosa sería que se incluyeran imágenes sexuales o en las que aparecen desnudos, porque es verdad que hay momentos evolutivos en que no tiene mucho sentido este tipo de información, ya sea heterosexual u homosexual. La imagen de esta campaña es una cuestión de colores, de arcoíris… es muy ligera. Muestra la diversidad, y a quien lo quiera entender le permite acceder a ese referente".
Miguel Ángel Bargueño para El País

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