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30.03.2008
Los “crossdresser” se visten de mujeres de vez en cuando, pero no son travestis
Es una tendencia internacional que en la Argentina está creciendo: hombres que no necesariamente son homosexuales –algunos concurren a las fiestas con sus esposas– pero se visten de mujer para conocer su sensibilidad femenina y divertirse. Se diferencian de las travestis porque sostienen que ellos no se sienten atrapados en un cuerpo masculino y no se les ocurre operarse los genitales. En Buenos Aires existe un servicio con consejos para ser "cross".

Los "crossdresser" se visten de mujeres de vez en cuando, pero no son travestis

Es una tendencia internacional que en la Argentina está creciendo: hombres que no necesariamente son homosexuales –algunos concurren a las fiestas con sus esposas– pero se visten de mujer para conocer su sensibilidad femenina y divertirse. Se diferencian de las travestis porque sostienen que ellos no se sienten atrapados en un cuerpo masculino y no se les ocurre operarse los genitales. En Buenos Aires existe un servicio con consejos para ser "cross".

 

"Es una elección de cambio de género, no de cambio de sexo. La idea es cambiar el género, lo hacemos para divertirnos", arranca Elizabeth.

 

Intentar definir qué es ser "crossdresser" resulta casi tan difícil como contar la experiencia personal de cada uno de los que deciden, aunque sea por un rato, subirse a un par de tacos, empolvarse la cara y vivir como una mujer. "En nuestra comunidad vas a encontrar gente que es bisexual, homosexual y heterosexual", sigue Eli, en medio de una de las célebres fiestas Namunkurá a las que le gusta asistir "montada". Está con sus amigas y, sí, con su esposa Cristina. "Ella me ayuda a vestirme, a elegir la ropa. Pero sé que no es así en la mayoría de los casos."

 

Elizabeth es el caso de "cross-dresser" que más se ajusta con la definición tradicional e internacionalmente aceptada. Tiene una esposa pero le gusta explorar su costado de mujer: "Cada uno de nosotros tiene lo propio y una parte femenina, ¿qué mejor que aceptarla y disfrutarla antes que generarse un trauma?", se pregunta.

 

Al lado está su amiga Jeanne. Su experiencia no es igual a la de Elizabeth: "A fines del año pasado, empecé a jugar con ropa de mujer. Hacía dos años y medio que me había separado. Me di cuenta de que para mí no se trataba de un tema de excitación, sino de personalidad. En tres meses pasé de jamás haber tocado una prenda femenina a salir así a la calle", cuenta con mucho rubor en la cara y trajecito rosa.

 

De todos modos, según explican algunas de las principales páginas de Internet dedicadas a indagar en esta temática, no todos los que se visten con ropa del sexo opuesto son "cross". "Las travestis o transexuales, por ejemplo, son personas que se sienten atrapadas en un cuerpo de un género con el que no se identifican y muchas veces intentan hacerse cirugías en sus genitales o implantes mamarios", apuntan en A Crossdressers Secret Garden ("Un jardín secreto para crossdressers"). Allí, además, hay foros y consejos para novias y esposas de crossdressers y recomendaciones de libros y DVD sobre el tema.

 

Entre las pocas páginas de Argentina dedicadas al tema está el blog http://crossdressersargentinas.blogspot.com, que, además de dar consejos para aquellos que quieran "salir del closet", tiene links con técnicas para maquillaje "cross".

 

Otro de los grupos que muchas veces se incluyen dentro de los "crossdressers" son los transformistas. Juampy Lacroix, también desde la fiesta donde se encuentran Eli y Jeanne, aunque montado como "Reina" para la ocasión, cuenta que en su caso se trata de algo relacionado con su vocación: "Soy actor transformista, caracterizo mujeres. Amo mi profesión, amo las mujeres profundamente. Mi trabajo es un homenaje constante. Cuando arranqué con esto lo que quería era expresarme, como todo gay que busca una manera de salir". Ahora Juampy, con un atuendo mezcla de Susana Giménez con Marilyn Monroe, se dedica a realizar shows y vive de eso.

 

Producirse para la salida no resulta nada sencillo. "Nos lleva, mínimo, entre una hora y media y dos antes de salir", cuenta Elizabeth. Jeanne agrega: "Elijo la ropa primero por gusto, después por el color de moda o el tipo de corte que se use. Siempre compro la revista Vogue para estar al tanto". La salida a la calle, una instancia que muchas veces puede llegar a ser cruel, Jeanne la vive con naturalidad: "La gente o te mira bien o ni siquiera le importás. Creo que ya somos algo más del paisaje. Yo me he encontrado con turistas que se quieren sacar una foto, con tipos que te quieren levantar. Una vez me quiso levantar un policía. Una lástima que justo estaba en medio de un operativo y lo llamó el sargento. Así que no pude anotar ni el número de patrullero".

 

 

Concretar la fantasía

 

Aunque en Europa y Estados Unidos el "cross" está más extendido, en la Argentina el servicio para hombres que tienen ganas de ponerse pelucas, tacos, faldas y maquillaje, aunque sea por un rato, recién está comenzando.

 

Según cuenta en su página web, Cross-dressing Buenos Aires es un servicio de transformación orientado a hacer realidad las fantasías y lo describen así: "Tenemos las ropa, el maquillaje y el ambiente para que puedas explorar tu lado femenino sin preocupaciones ni apuros.

 

Este es un espacio físico donde contarás con asesoramiento acerca de cómo maquillarte, corregir tu postura, mejorar y brindarte el vestuario adecuado (ropa formal e informal, pelucas, lencería, bijou, zapatos y todo lo referente a esto)", explican. En sesiones individuales, que cuestan 100 pesos, el que asiste puede aprender este tipo de cosas y, por un dinero extra, sacarse fotos. Quienes proveen este servicio aseguran total reserva y dicen que la persona saldrá del lugar tal como ingresó. Es decir que casi todo está pensado.

Agustina Larrea para Perfil

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