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26.04.2008
Nace el boom de las peluqueras travestis

Cada vez son más las que trabajan como estilistas o montan su propio negocio. Para algunas es una posibilidad de salir de la prostitución.

"Una verdadera luchadora sabe que la mano que empuña la espada es vencedora o perdedora antes de asestar el golpe. Yo siento eso cuando empuño mis tijeras o me decido a cambiar un color. Sé que voy a vencer", dice desde su página web Adriana Vergé, una de muchas chicas trans que trabaja como peluquera.

 

Desde hace algunos años, las peluquerías argentinas están, cada vez más, contratando los servicios de una camada muy particular de estilistas: los travestis. Tijera y secador en mano, están cambiando el aspecto de los salones de belleza y la relación con sus clientes. La tendencia comenzó cuando muchos, estigmatizados por su estereotipo sexual, buscaron hacer algo diferente. Y por qué no peluqueras, cuando no hay nadie que se preocupe por la estética tanto como ellas.

 

Muchas tienen formas femeninas impactantes, otras son llamativas señoras maduras, alguna tiene un aire varonil que no se preocupa en ocultar. Son graciosas, histriónicas, amigables y siempre están de buen humor, coinciden los clientes.

 

En su megapeluquería, Vergé se esfuerza por no dejar ningún detalle librado al azar. Su cabello tiene una uniformidad de color castaño oscuro que asombra; sus ojos, el rimel adecuado, y sus pómulos, apenas un poco de color. Provocativa y voluptuosa, en la vidriera expone sus fotos posando con dos caniches toy teñidos de rosa. "Lo que vale es la actitud hacia la vida, dar seguridad", comenta. Y lo cierto es que los clientes –hombres y mujeres– las prefieren a la hora de optar por un cambio estético. "Me gusta cómo trabaja porque es muy simpática y te dice todo de frente, te puede cambiar 20 veces de peinado hasta que te sientas cómoda", cuenta Marcia, una cliente fanática.

 

Jorgelina Salazar es otra travesti que incursionó en el arte de los peinados. Hace ya varios años que tiene su local en la provincia de Tucumán, llamado Manekeen. Está decorado con grandes murales que devuelven la imagen de su dueña en sugerentes poses sensuales. "Cuando era chica, me impactaban las rubias, y desde ese momento quise ser como una Barbie", evoca. Por eso perfeccionó su imagen de manera notable: hoy se pasea con pantalones ajustados, uñas esculpidas y un peinado carré a la última moda. "Soy la más topísima de las travestis, sin desmerecer a las demás", dice orgullosa. Sin embargo, no todo es color de rosa para estas trabajadoras del corte y la tintura. Muchas soportan a diario fuertes críticas y burlas: "Algunos pasan por el local y me ponen cara de asco, pero no me importa. Estamos en 2008, el travesti es un ser humano y puede hacer mucho más que prostituirse", aclara Jorgelina. Para Marlene Wayar, coordinadora general de Futuro Transgenérico, la aceptación de los travestis en otros campos sociales tiene que ver con la evolución en el reconocimiento del otro. "Antes, los travestis eran de clase muy baja pero hoy hay menos violencia y las chicas de clase media se atreven a mostrarse en estos ámbitos", dice

 

Distinto es el caso de Gladys, heterosexual y dueña de una peluquería en el barrio de Once. Ella decidió contratar travestis para que peinen y no se arrepiente: hoy los clientes hacen fila para ser atendidos por ellas. "La gente que viene dice que las chicas trans cortan mejor, que tienen buena mano y mucha onda", dice mientras señala cómo Geraldine realiza un brushing impecable. "A todas nos pesa el tema de la estética porque siempre tuvimos la mirada del otro muy encima. Tenemos eso de la varita mágica, sentimos que podemos transformar la imagen de una persona", agrega Marlene.

 

Nadie sabe a ciencia cierta cuál es el secreto. Ellas aseguran que tienen mejor gusto que nadie, más paciencia, y que garantizan un cambio de look original. "Hay una clave para mi labor: no compito con las mujeres porque me gustaría ser una, entonces hago todo lo posible para que estén bellas. Creo que por eso nos eligen", dice.

 

De la zona roja a la academia

 

"Hicimos una encuesta entre las chicas sobre qué les gustaría hacer si no fueran prostitutas, la mayoría eligió peluquería", cuenta Alex Freire, presidente de la Fundación Buenos Aires Sida. Así fue como, con el apoyo del Gobierno de la Ciudad, nació el proyecto para que las chicas trans se capacitaran. Durante 2004, en la primera camada, cursaron 20 chicas. Luego se repitió en 2005-2006 y ahora está abierta la inscripción para este año. "Queremos sacarnos el cartel que dice: travesti igual prostituta", dice Valeria, una de las egresadas. Otra de las chicas, mientras se acaricia su pelo platinado al estilo Susana Giménez, indica: "Fijate este color... no lo logra cualquiera.

 

Cuando voy por la calle me preguntan cómo hice; ahí les cuento que soy peluquera, y de ese modo ya conseguí varios clientes". En el salón aprovechan para cortar, teñir, planchar o enrular, y practican con cada accesorio que tienen a mano. Lo que quieren –aseguran– es aprender los secretos de la estética femenina.

Brenda Focas para Perfil

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