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27.04.2008
“La AFIP no te hace descuento por puto”

Alejandro Vanelli es representante de Alfredo Alcón y Cecilia Roth, entre otros. Ernesto Larrese es actor. En pareja desde 1975,  no pueden casarse. El caso va  a la Corte.

Alejandro Vanelli y Ernesto Larrese se conocieron en el verano anterior al golpe del 76. Larrese formaba parte del elenco de Nacha Guevara, que estrenaba su espectáculo en el Teatro Estrella. Vanelli le hacía prensa a Antonio Gasalla, que se presentaba en la sala contigua. En medio de la violencia que sacudía al país, iniciaron una historia de amor que sobrevivió a la represión de la dictadura y los prejuicios de la democracia. Treinta y dos años después, reclaman que la ley les reconozca los mismos derechos que a las parejas heterosexuales para poder casarse. Lo intentaron el 13 de junio pasado en el Registro Civil de Coronel Díaz 2110. Fueron a pedir turno acompañados, entre otros por los actores Mercedes Morán y Boy Olmi; la titular del INADI, María José Lubertino, y las legisladoras porteñas Patricia Walsh y Gabriela Alegre. Les respondieron que los artículos 172 y 188 del Código Civil no permiten que dos hombres o dos mujeres se casen. Entonces fueron a Tribunales y presentaron un recurso de amparo por el cual denunciaron la inconstitucionalidad de esas normas por violar el principio de igualdad ante la ley. El caso está a punto de llegar a la Corte Suprema de Justicia, que ya estudia otro amparo anterior, presentado por María Rachid y Claudia Castro. Éstas son su historia y su reclamo:

 

E.: –El 30 de diciembre de 1975, la Triple A pone una bomba en el teatro, que mata a un iluminador del elenco de Cipe Lincovsky. Nacha se tuvo que exiliar en Perú, y el gallego García, que bancaba toda la movida, le ofrece a Gasalla lo que había quedado del elenco de Nacha para ampliar su espectáculo y mudarse a la sala más grande. Entre esos actores estaba yo, y así lo conozco a Alejandro.

 

A.: –Yo me fui a Europa justo cuando se produce el golpe. Habíamos tenido ya algunas salidas. Volví tres meses después y desde esa noche pasaron 32 años.

 

E.: –Fue un 13 de junio. Por eso elegimos esa fecha para pedir el turno de casamiento y el amparo.

 

–¿Por qué casarse?

 

A.: –No tiene nada que ver con el mundo que hemos armado, ni con lo que sentimos el uno por el otro. Pero si le llega a pasar algo a uno de los dos, la ley no nos reconoce derechos. En el caso de Ernesto, que no tiene ni padres ni hijos, puede testar a nombre mío; pero en mi caso, que tengo una hija y nietos, apenas puedo testar una parte mínima de mis bienes. Si estuviéramos casados, a él le correspondería el 50%, como en cualquier matrimonio.

 

E.: –Hay algo más importante, que es la Constitución. Somos ciudadanos de segunda por el sexo de la persona con la que nos acostamos. La AFIP no hace descuento por puto: tengo que poner peso sobre peso. Si tengo las mismas obligaciones, quiero los mismos derechos.

 

A.: –Ni sé si vamos a casarnos, pero queremos decidir nosotros. Cualquier pareja heterosexual se conoce y ya al día siguiente se pueden casar, y nosotros después de 32 años de pareja no podemos. Dicen que el matrimonio es para proteger a la familia... ¡Nosotros somos una familia!

 

E.: –Gil Lavedra (Ricardo, ex ministro de Justicia de la Alianza) dijo que se opone porque el matrimonio es para procrear. ¿Y esta mujer de ochenta y pico de años que se casó con un pibe de veinticuatro? ¿Por qué no les piden una prueba de fertilidad? Nosotros no somos activistas, pero tenemos un pensamiento político, y entendemos que esto es una acción política. Si nos jugamos en una época en la que darse un beso en la calle era peligroso, ¿por qué no hacerlo ahora?

 

–¿Cómo era ser gay en la Buenos Aires de los años setenta?

 

A.: –Muy diferente. Ir a bailar o salir de levante era zona de riesgo, podías terminar en la comisaría. Antes de los Falcon era la policía. Si estabas caminando con alguien, te separaban y si no sabías el apellido del otro, adentro. No había boliches gay como ahora, había lugares tapados. El cambio empezó de a poco en los 80, cuando estaba Alfonsín. Pero es muy lento. En España, el matrimonio gay fue uno de los temas de las dos últimas campañas presidenciales. En Estados Unidos hubo un debate televisivo entre Hillary y Obama dedicado exclusivamente a los derechos de gays y lesbianas. ¿Por qué acá la dirigencia política le escapa al tema?

 

E.:–Hay gente que se caga de hambre, y es verdad que eso es más urgente. Pero también hay desidia, porque nosotros no les importamos demasiado. Por otra parte, están los prejuicios religiosos. El "ser nacional", los milicos, los curas... En el viejo Código Civil, Vélez Sarsfield escribió "cónyuges o contrayentes", pero en el 87 lo cambiaron por "hombre y mujer". Fue cuando se legalizaba el divorcio... ¿Habrá sido una moneda de cambio con la Iglesia?

 

–¿A quién votan?

 

A.: –En la última a Patricia Walsh, y para presidenta a Lilita Carrió. El día que pedimos turno para casarnos y que presentamos el recurso de amparo, Patricia estaba atrás nuestro sentada con un ramo de flores, acompañando. Nos impactó, no la conocíamos.

 

–Lilita no les llevó flores...

 

E.: –No. Lilita está en contra del matrimonio gay, porque es muy chupacirio. Pero nos parecía lo menos peor.

 

-¿No pensaron en la unión civil?

 

E: Lo que acá se llama unión civil termina en la Gral. Paz y es como una migaja para el que se está muriendo de hambre.

 

–¿Cuál fue para ustedes la fórmula de los treinta y dos años?

 

E.: –Nunca dejamos de ser compinches, que comparten un sueño. Y somos honestos, aunque nos cueste discusiones.

 

A.: –Yo no le impido a Ernesto nada que lo haga feliz. Hay que ser poco egoístas.

 

–¿Y la fidelidad?

 

E.: –Un tipo, por más gay que sea, siempre es un tipo: "Culo veo, culo quiero". Nosotros siempre tuvimos claro que la monogamia es antinatural, y desde el primer día fuimos muy abiertos. Los heterosexuales lo tapan, nosotros somos honestos. Alejandro siempre va a ser el primero en mi vida y yo en la de él. Si lo necesito, larga todo y sale corriendo para donde yo esté.

 

–¿Hay una dificultad cultural para entender las relaciones homosexuales?

 

A.: –Sí, porque se intenta encajarlas en el molde de la heterosexualidad. Te preguntan quién hace de hombre y quién de mujer... ¡Yo me siento tan hombre como cualquier hombre! Los dos hacemos de nosotros mismos.

Bruno Bimbi para Critica

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