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Noticias
17.08.2008
Bésame mucho

Lo hago o no lo hago. Besar o no besar en público es una pregunta que muchos gays se hacen a diario.

Pablo y Germán llegaron a La Llorona, en el barrio marítimo de Mar del Plata, y se sentaron a almorzar. Un rato después, mientras conversaban, Pablo tuvo un gesto de cariño: le acarició la barba a su pareja. Quizás lo habría besado, pero no le dieron tiempo. Inmediatamente, la moza se acercó:

–Les informo que este tipo de muestras de afecto no están permitidas.

–¿Qué querés? ¿El premio a la empleada del mes por echar a dos putos? –le preguntó Germán, enojado.

–Simplemente les estoy informando que no se permiten esas cosas en este lugar.

Pablo y Germán se fueron de La Llorona, no sin antes armar un lío, pero esa experiencia no cambió su manera de ser cariñosos en público. "Si tengo ganas de besar a mi novio en la calle o en un bar, lo hago, del mismo modo que las parejas heterosexuales lo hacen. El espacio público es de todos", dijo Pablo (29) a Crítica de la Argentina.

Damián (25) pasó por una experiencia similar en una heladería de Wilde: "Estaba con mi novio y le di un beso. De repente, salió como loca de la heladería una piba que no tendría más de 25 años a decirnos que nos fuéramos 'porque hay niños'. Discutimos, pero al final nos fuimos: no queríamos estar en un lugar que nos rechazaba".

–Después de esa experiencia, ¿alguna vez quisiste besar a tu pareja y no lo hiciste porque estaban en público?

–Sí, para evitar malos momentos. A veces te podés bancar ser rechazado, pero cuando estás con alguien es diferente: lo que se rechaza es el amor, tu relación, tu pareja, y eso se siente más fuerte.

¿AQUÍ NO PODEMOS HACERLO? Besar o no besar en público es una pregunta que muchos gays se hacen cotidianamente. Federico (26) prefiere evitarlo, "por miedo al qué dirán". Una sola vez le dio un beso a alguien en la calle, "discretamente, con cuidado", y aunque no le interese lo que piensen los otros, cree que es mejor esperar: "Todo se dará, a su tiempo". Para Gabriel (26), en cambio, depende del momento. Cuando está con alguien, no anda todo el tiempo a los besos, pero si la ocasión es especial y quiere besarlo, no se reprime, siempre y cuando eso no incomode a su pareja.

Es que, a veces, uno de los dos puede no querer: "Hace varios años tuve un novio que se enojaba conmigo porque yo no iba a la Marcha del Orgullo. Él no sólo iba, sino que les decía a todos que era puto. Pero nunca me dejó darle un beso en la calle, ni siquiera ir de la mano", cuenta Lucho.

–¿Con otras parejas fue diferente?

–Sí. Hace unos nueve años conocí a un tipo con el que nos rompimos la boca en la parada del colectivo. Fue la primera vez que besé a un tipo en la calle.

–¿Cuál fue la reacción de la gente?

–Nos miraron raro... ¡Hace nueve años era otro planeta! Ningún puto famoso había salido del armario.

–Y ahora, cuando estás con alguien en la calle, ¿lo besás?


–Según dónde y con quién.

"Donde" es lo que Marcelo (39, profesor de filosofía) más recuerda de aquella mañana de domingo. En un viejo vagón del ferrocarril Sarmiento, Marcelo se olvidó por un instante de todo lo que lo rodeaba: "Estaba saliendo con un chico al que conocí hace dos años y ese fin de semana me invitó a cenar a lo de unos amigos en Morón. Cuando volvíamos, en medio del viaje en tren, empezamos a besarnos. Fue algo tan natural que ni nos dimos cuenta que el vagón estaba lleno, pero nadie se mostró incómodo. Creo que deberíamos sacarnos nuestros propios prejuicios y actuar con más naturalidad".

De los propios prejuicios habla Matías (21), que vive en Rosario y trabaja en la Municipalidad. Hace cuatro años que está en pareja, y la única vez que tuvo problemas fue, paradójicamente, en un bar cuyos dueños son homosexuales: "Vinieron a pedirnos que no estemos de la mano, porque 'a la gente no le gusta eso'. Pero mi suegra los mandó a la mierda y no jodieron más".

TODO BESO ES POLÍTICO. Para Daniel Seifert, periodista de la revista Noticias, hace falta poner el cuerpo para cambiar: "Yo creo que los gays no nos animamos a hacer lo que los heterosexuales tuvieron que hacer antes. Hubo un momento en que los héteros más jóvenes se animaron a besarse en la calle. Los miraron raro hasta que se volvió normal, intrascendente. Es lo mismo que nos pasa a nosotros ahora", dice.

–¿Por qué?

–Porque nadie quiere ser conejillo de indias, entonces se justifican. Yo en eso soy ultramilitante, beso en todos lados. Me han dicho exhibicionista, provocador, buscarroña, promiscuo... tanto héteros como putos. No me importa. Nadie me quita el placer de despreocuparme por la mirada ajena. Una vez le di un alto beso a mi ex en un restaurante, cenando con toda mi familia; fue una forma de dejarlo clarito.

–¿Tus parejas siempre estuvieron de acuerdo?


–Yo siempre lo planteo de entrada: a mí, si me pinta, te voy a intentar besar. Y si te incomoda, te incomodarás. Para mí eso es el orgullo.

Martín, 25 años, estudiante de Letras


Al principio, empecé a besar en la calle por militancia. Si una pareja hétero puede hacerlo, nosotros también. ¿A quién se le ocurre censurar una caricia o un beso? Luego, de la militancia pasé a disfrutarlo como lo que es: una expresión de afecto entre personas que se necesitan y para quienes es muy difícil evitar demostrarse amor.

Con Nahuel nos gusta salir de la mano o abrazados por la calle. Al principio me costaba no sentirme invadido por las miradas ajenas, pero con el tiempo me acostumbré. Una vez, un taxista nos gritó "¡Dios hizo a Adán y a Eva!", como si hubiésemos cometido una infracción de tránsito. Otra vez, una señora muy elegante a la salida de la iglesia en Plaza Francia comenzó a seguirnos; tosía cuando nos besábamos, se la veía indignada.

Hace unos días, en la estación 9 de Julio, una señora le decía a un chico más joven: "¿Ves algo de Dios en ellos?", y el chico respondía: "No veo nada malo". La señora insistía en que no teníamos nada de Dios en los ojos, pero nunca nos había mirado a los ojos. Otra vez, en el zoológico, una madre le explicaba al hijo que las fieras eran "macho y hembra", y lo recalcaba cada vez que pasábamos cerca de ella.

Igualmente, la actitud que más me molesta es la de otros gays que nos miran como si nos estuviésemos exponiendo u ofreciendo. Pocas cosas son tan lindas como expresar el amor. Y pocas cosas son tan horribles como reprimir las ganas de dar un beso por temer la opinión ajena. Creo que además es una buena oportunidad para mostrarle a la sociedad que existimos y que no hacemos nada malo como para escondernos.

Juan, 30 años, sociólogo

Una vez volvíamos de una fiesta con mi ex novio muy tranquilos y desde un patrullero los canas nos gritaron "¡putos!". Otra vez, en cambio, caminábamos de la mano, haciéndonos alguna caricia o besándonos, y dos abuelitas comentaron entre ellas: "¡Qué dulces que son, me encantan los chicos así!".

En general, circulo por lugares en los que podría besarme con cualquiera, pero todavía en nuestra ciudad sigue siendo una escena que puede despertar actitudes violentas. Creo que, en la medida en la que se vayan fortaleciendo derechos constitucionales que igualen las condiciones para vivir la propia sexualidad, podremos crear una conciencia que naturalice la demostración de afecto en público más allá de las diferencias sexuales y genéricas.

También es cierto que cuando "mostramos" (aunque no necesariamente es ésa la intención de los gestos individuales) nuestro afecto, también proponemos una reflexión colectiva que estimula que generacionalmente se vayan desdibujando los límites del sexo "correspondiente".
Bruno Bimbi para Crítica

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