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22.08.2008
Con tres tragos todos somos lindos
Un estudio científico prueba que el alcohol ayuda a ver más atractivo al prójimo. El experimento lo realizó la Universidad de Bristol con 84 hombres y mujeres. Demostró que para los heterosexuales no sólo las personas del sexo opuesto se vuelven más bellas: también las del mismo. La ciencia confirmó un saber adquirido empíricamente.
La sabiduría del bar ahora tiene respaldo científico: una copa de vino alcanza para derribar la tiranía de los bellos. Así lo comprobó un grupo de investigadores ingleses que le dio carácter racional a eso que todos sabemos: a medida que pasan la noche y las copas, la pelada de los pelados se vuelve sexy, la panza de los panzones es una invitación a la lujuria y dos tetas –o tetitas– alcanzan para conseguir un par de besos. Pero como la ciencia no puede quedarse en la mera experiencia de borrachines, descubrió algo más: que para los heterosexuales no sólo las personas del sexo opuesto se vuelven más atractivas, también las del mismo sexo.

La teoría de que a las cuatro de la mañana cualquiera puede ser el amor de tu vida siempre que tengas cierta dosis de alcohol en sangre surge de un estudio de la Universidad de Bristol (Gran Bretaña) publicado en la revista New Scientist, realizado sobre 84 hombres y mujeres heterosexuales. A algunos se les dio para tomar un cuarto de litro de vino –la dosis máxima legal permitida– y a otros jugo, y a todos se les mostró fotos de personas de ambos sexos. Y sí: los que tenían malbec en las venas veían mucho más atractivas a las personas, sin distinción de género. Esto sorprendió al director de la investigación, Marcus Munafo, ya que contradice un estudio de 2003 de la Universidad de Glasgow, que sólo atribuía la mejora en el aspecto en personas del sexo opuesto.

Un trago suele ser el aliado perfecto de los que carecen del don del encare. Harry Campos Cervera, psiquiatra y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, explica por qué: "Lo primero que hace el alcohol en el cerebro es desinhibir la inhibición. Todos nosotros somos neuróticos, podemos tener trabas de atracción hacia el sexo opuesto o sufrir situaciones de presión que nos impiden desenvolvernos y sentir atractivos a los demás. Con el alcohol desaparece la censura".

La sexóloga Elda Bartolucci refuerza: "Cuando se toma alcohol lo que bajan son los mecanismos de control sobre uno mismo y sobre las situaciones. Esto significa que tanto la autocrítica, los criterios de selección y las defensas o reparos hacia los demás también se diluyen. Seguramente aquel que toma alcohol y se encuentra frente a un probable objeto sexual y tiene ganas de tener una relación sexual, se meta en una situación que de estar sobrio no lo haría".

Ante la sorpresa de Munafo por la respuesta de atracción sin distinción de sexo, Harry responde con las herramientas del psicoanálisis y explica que ningún ser humano es totalmente heterosexual sino que su naturaleza es bisexual. "Por más de que el objeto de atracción sea el otro sexo, siempre existe algún tipo de fantasía con el mismo sexo y es posible que bajo efectos del alcohol, esto se libere."

Como ejemplo, el psicólogo cita las fiestas de adolescentes en las que se empieza a experimentar con alcohol a la vez de que aviva la reafirmación sexual a través de la exploración. "Es muy común que se tengan experiencias homosexuales tanto chicas como chicos, puede ser sólo un beso, es algo propio del desarrollo sexual", indicó.

Si bien ningún especialista hace apología del alcohol, al inglés Munafo le habría gustado avanzar un poco más en sus experimentos: su idea era comprobar si esta teoría de las burbujas se aplicaba en personas que de tan borrachas ya no podían hacer foco en la cara de otras personas. Pero el comité de ética no lo dejó. Harry se adelanta al que podría ser el resultado: "El alcohol inhibe la corteza cerebral superior, la parte racional. En exceso, toda la corteza queda suspendida y se empieza a funcionar con el cerebro límbico: de manera automática, como si se tuviera un comportamiento de reptil. En ese sentido no se distingue nada, ni género, ni atractivo, ni bien ni mal, y la persona se convierte, directamente, en un zombi".
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