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13.09.2008
El destino de la herencia de Bergara Leumann
Daniel Angelone, la pareja de Bergara Leuman, lo conoció en la calle, cuando tenía 21 años y Bergara Leumann, 47. Comenzó a trabajar con él como cadete en La Botica del Angel, y convivieron durante 12 años en un vínculo que prefiere definir como "una relación de amor". Tras la muerte del artista, parte de la familia decidió impedirle el paso al tradicional edificio porteño. "No pido nada que no me corresponda, sólo defiendo el legado de 'el Gordo' porque sé lo mucho que quería esa casa", explica dolorido. La aparición de una supuesta medio hermana de la que poco se sabe cambiaría de plano el destino de la herencia.
"Siento que tengo que empezar, a los 50, una vida nueva. Se fue él y lo único que me queda ahora son sus gatas, que son como mis hijas también". A Daniel Angelone se le entrecorta la voz cuando intenta poner en palabras el mal momento por el que está pasando desde la muerte de su "compañero de amor" de los últimos 29 años, Eduardo Bergara Leumann. Sin embargo, la pérdida de "el Gordo" fue sólo el punto de partida de una serie de infortunios: a horas de su fallecimiento, un escándalo familiar por el destino de su herencia tomó estado público y no hizo más que sumar dolor, bronca e impotencia. Por eso, se decidió a dialogar con PERFIL para contar su verdad y dejar en claro que su única intención es "que se cumpla con la última voluntad" del genial artista.

—¿Cómo se enteró de la muerte de Eduardo?

—El viernes a la noche, decidí venirme a dormir a mi casa para volver a la Botica al otro día temprano y saludarlo por su cumpleaños. El ya estaba muy mal, yo lo veía muy desmejorado, pero nunca pensé que el desenlace se iba a dar tan rápido... Me desperté a las 5 de la mañana con el teléfono. Era José Luis, otro de los empleados de Eduardo que se había quedado con él esa noche, para avisarme que "el Gordo" había muerto.

—¿Cuál fue su primera reacción?

—No lo podía creer. Sólo atiné a bañarme, cambiarme y salir. Cuando llegué, ya había algunos amigos, nadie entendía nada. Y el tema era qué hacer con el cuerpo, porque él nunca se había expresado al respecto. Yo sabía que a él no le gustaban los cajones, entonces propuse hacer algo parecido a lo que había hecho con su madre: velarlo en su cama, rodeado de flores. Y como sabía que iban a venir artistas dije que quería hacer un show, porque su vida era un show, su vida era arte, y quería que en su velorio se le rindiera homenaje en su escenario. Pero nadie estuvo de acuerdo, y eso me dolió mucho.

—¿Por qué creés que no se respetó tu decisión?

—No sé, creo que me correspondía a mí decidir eso. Pero la idea era velarlo en la Secretaría de Cultura, justo en el lugar donde desde hace once años "el Gordo" venía pidiendo ayuda sin nunca recibir respuesta. Entonces, pensé que lo mejor era llamar al escribano Jorge Di Lello, para preguntarle si Eduardo había dejado especificado qué quería que se hiciera con su cuerpo el día que muriera.

—Y entonces empezó el conflicto...

—En realidad, el escribano nos aclaró que Eduardo no había explicitado nada en su testamento. Y cuando llegó Jorge Boneo, su primo hermano, se acercó para preguntar "cómo seguía la cosa". Entonces, "de onda", Di Lello adelantó que el heredero universal era Cáritas en primer lugar, el Fondo Nacional de las Artes en segundo, la Universidad del Salvador en tercero y el Movimiento Argentino de Protección al Animal (MAPA) en cuarto. En ese momento, la cara se le desfiguró.

—¿Quién decidió cerrar el lugar con un candado y dejarlos afuera?

—Esa fue una decisión de Jorge. El escribano había propuesto que Yolanda, otra de las empleadas, se quede con la llave y que José Luis y yo tengamos libre acceso para mantener la casa hasta que se hicieran cargo. Pero este señor creyó que no era una buena idea, e insinuó que alguno de nosotros podría llegar a llevarse algo, un cuadro, algo de valor... Realmente estaba indignado, yo viví 12 años en la Botica y sería incapaz de hacer algo así porque sé lo mucho que amaba ese lugar "el Gordo". Le dije que si esa casa se deja cerrada por un mes, se viene abajo, y que también estaban las gatas, las plantas... Pero a él no le importó nada.

—¿Cuándo se leerá formalmente el testamento?

—Eso no lo sé, porque hay que respetar los nueve días que la "Ley de luto y llanto" indica. Pero tengo entendido que Cáritas no se quiere hacer cargo, más que nada por las cláusulas que se estipulan en el testamento y que incluirían la contratación de los mismos empleados que trabajaron junto a Eduardo hasta el momento de su muerte. Y en mi caso, sé que me corresponde un legado de por vida, a pagar mensualmente. En el último tiempo, el poco dinero que tenía lo dedicaba al mantenimiento de esa casa. De hecho, hasta tuvo que pedir prestado hasta a Silvina Victoria, la ex de Berni, para poder comprar sus medicamentos. Lo único que espero es que se cumpla con su deseo de que la Botica se convierta en un museo, y que quede en manos de alguien que valore todo lo que "el Gordo" atesoró en sus 33 habitaciones a lo largo de todos estos años.

Sin embargo, en el círculo íntimo del desaparecido artista, una figura estaría haciendo tambalear lo escrito en el testamento: una medio hermana por parte del padre de "el Gordo", de la que poco se sabe y que nunca fue presentada como tal, pero a la que el artista habría mencionado en alguna ocasión. En caso de que ella se presente como familiar de sangre, se convertiría en la heredera universal de la tradicional Botica de la calle Sáenz Peña 541.

"Daniel era quien lo cuidaba"

"Los herederos no somos nosotros", insiste Susana Bergara Leumann, la única de las primas del artista que no participó del cierre de La Botica del Angel. Dice que no ha hablado del asunto con su hermana Celia y que a Jorge Boneo sólo lo vio en los velorios: en el de la madre de él en enero, y luego en el de Eduardo, en el que apenas se saludaron. "Yo ya sabía lo que él había hecho porque Daniel me llamó desesperado", explicó. Antes de la muerte, ese día tenían previsto celebrar el cumpleaños del Gordo con chocolate y churros.

Con 16 años de diferencia, Susana es la menor de sus primas y la que tuvo una relación más estrecha. "Cuando era chica, vivíamos en la misma manzana en Vicente López, estaba todo el día con él", recuerda. "Yo era su familia pero el que lo cuidaba cuando estaba enfermo, era Daniel", reconoce y marca distancia de la posición del resto de los herederos: "A mí no me importa si me corresponde por ley porque el Gordo fue siempre muy claro. Si él no tenía un mango fue porque puso todo en la Botica y quería que eso quedara abierto para el público.

Martín Artigas para Perfil

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