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23.10.2009
“Me hincha eso del lento erotismo femenino”
La primera novela de la escritora y periodista es un relato crudo de una relación lésbica en la primavera democrática.
Patricia Kolesnicov convivió durante más de 20 años con Florencia y María, dos mujeres casi reales: son las protagonistas de su primera novela, No es amor. Eran mediados de los 80 y la autora, una alegre estudiante de Letras en plena primavera alfonsinista, empezó a escribir fragmentos de una historia de amor entre una militante radical y la hija de un empresario poderoso. "Lo tenía como un juego, una especie de novela eterna, y cada vez que mis amigos me preguntaban yo les decía 'no es para publicar, es para escribir'. Además, me daba vergüenza".

Pero en dos décadas pasaron demasiadas cosas: la fantasía de la democracia ochentista destrozada por el menemismo; la homosexualidad corrida de los márgenes y reacomodada en el concepto de "ciudadano gay", y, en lo personal, un cáncer de mama que la llevó a escribir el libro-diario Biografía de mi cáncer. De algún modo, todo esto la empujó a soltar aquella novela eterna, o quizás no: ella insiste con la idea de que fue más bien una serie de casualidades, que una editora le insistió, que ella se dejó convencer, y así.

–¿Es más fácil escribir de la propia intimidad o de la de personajes de ficción?


–Lo autobiográfico es más fácil, porque el mundo real me da muchos elementos que yo sólo tengo que observar, es lo que sé hacer: soy una cronista. En cambio, al crear un mundo, corría el riesgo de caer en algo esquemático, de perderme los detalles e ir directo al centro de lo que quería contar.

–Últimamente, los 80 no parecen ser muy atractivos para la literatura y en tu novela son el núcleo, ¿no?

–Sí, pero me resulta muy interesante haberla situado ahí, especialmente en perspectiva. Me parece que la novela marca la transición de ese espíritu de "nos vamos a llevar el mundo por delante" de la democracia hasta llegar al menemismo, donde fuimos derrotados. Me di cuenta de que esa transición afectaba a los personajes muy directamente, que era parte del vínculo. Además, me encontré con elementos de época que en el momento eran puro realismo y ahora son literatura, como los cospeles: yo trabajaba en producción de radio y me la pasaba buscando cospeles.

–¿Cuánto hay de autobiográfico?

–¿Es posible que no haya? Hay muchos elementos en muchos personajes, pero no estoy yo: nunca fui militante, nunca fui hija de un rico, nunca fui renga, nunca fui rubia, pero sí millones de otras cosas. Hay gente que se va a reconocer, muchos se dieron cuenta de que Noy es uno de los personajes que aparece, que es un símbolo de los 80.

–Más allá de que esta novela es, teóricamente, anterior a Biografía de mi cáncer, hay algunos paralelismos, como las marcas en el cuerpo de Florencia. ¿Es casual?

–Sí, pero de todos modos la novela no era exactamente así. Desde el principio el personaje tenía un problema físico, pero después profundicé mucho el trabajo sobre el dolor del cuerpo. Sin duda mi experiencia me sirvió mucho para pensar en los malestares.

–Las protagonistas nunca se definen como lesbianas, ¿por qué?

–Porque se trata de una historia de un vínculo previo a la explosión del movimiento gay, a la época del ciudadano gay, que es lo que tenemos ahora. Por eso para ellas no es posible nombrarse ni nombrar el vínculo, porque todavía no ha sido normalizado. Ojo, tampoco ahora vivimos en un mundo de fantasía.

–Muchas veces, el sexo entre dos mujeres se suele plantear como parte del juego de seducción hacia un hombre o como prostitución, pero pocas veces como amor. El título, No es amor, ¿tiene algo que ver con esto?


–En realidad, el título es un poco por lo conflictivo del vínculo, que empieza por una obligación que tiene que ver con la militancia de Florencia. O sea, no por amor. Y después aparece esa pregunta: ¿qué es esto?

–¿Hiciste explícitas las escenas sexuales como un modo de sacarlas de la invisibilidad?


–Me parecía que eso era lo que tenía que ser dicho, que tenía que ser contado sin fundido a negro, pero también sin idealización. A mí me hincha mucho esto del tierno amor de las mujeres, del lento erotismo femenino..., ¡me quedo dormida! Yo no quería hacer una novela erótica, quería hacer una novela de coger.

–¿Es una decisión política contar lo que nunca se cuenta?

–Sí, es el punto central de la novela: vamos a contar las cosas como son. ¿Por qué no? Hay gente que se impresiona, sobre todo con la escena con sangre, y a mí me llama la atención, no me parece una experiencia tan extraordinaria.

–Cuando a la novela la ponen en el estante de literatura lésbica, a vos ¿qué te genera?

–Es que es literatura lésbica, no necesito estar junto a los señores gordos con corbata, y creo que mucha gente va a ir a ese estante.
Fernanda Nicolini - Critica

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