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08.11.2009
Cómo contar el fin de la inocencia
La directora y guionista estrenó su segundo largometraje, El último verano de la Boyita , basado en una anécdota de su infancia. Una historia sobre las diferencias sexuales, narrada desde el punto de vista de una niña de diez años.

Mucho antes de ser una película, El último verano de la Boyita fue un cuento. Julia Solomonoff lo escribió en 2003, mientras buscaba financiación para filmar Hermanas , su primer largometraje. La historia la rondaba desde la infancia, cuando por casualidad oyó hablar de un caso médico que atendía su madre en Rosario.

"Mi mamá es ginecóloga y el tema se coló en mi casa cuando yo tenía diez años. Me impactó lo suficiente como para seguir resonando en mí mucho tiempo. En aquel momento, ni siquiera sabía que iba a hacer cine", recuerda la directora durante la entrevista en un bar de Palermo. La había conmocionado un caso de intersexualidad: un chico (en la ficción se llama Mario) que a simple vista parece un varón, pero que tiene genitales femeninos. En la pubertad, comienza a sentirse distinto de los demás. "Creo que es muy difícil vivir con una diferencia, pero la película trata de no hacer una tragedia. Muchas veces, el drama está en los padres que no quieren ver lo que le pasa a su hijo. Por eso, el énfasis no está puesto en el diferente sino en los demás", explica Solomonoff, también autora del guión del film que se presentó en el Bafici en abril y llegó a las salas comerciales el jueves pasado, después de proyectarse en el Festival de San Sebastián. Coproducida por El Deseo, de Pedro y Agustín Almodóvar, El último verano de la Boyita va a estrenarse en España y Francia en febrero.

La trama, que se desarrolla en la década de 1980, comienza en Rosario y luego se desplaza al campo. Protagonizada por Jorgelina (Guadalupe Alonso), una nena de diez años hija de un médico, y Mario (Nicolás Treise), integrante de una familia rural, la historia está narrada desde el punto de vista de la niña, intrigada y confundida por los cambios que experimenta su compañero de aventuras. La elección de la perspectiva narrativa fue, según la directora, el punto más conflictivo que debió enfrentar durante la escritura del guión.

-Creo que el mayor error que cometí al principio, y por el cual perdí mucho tiempo, fue tratar de contar la historia desde Mario. Como la nena tiene muchas cosas en común conmigo (yo también viví en Rosario, veraneaba en el campo, jugaba con una casa rodante que parecía una boyita), le escapaba a esa mirada. Hasta que un día me di cuenta de que no podía narrar a partir de él porque me parecía muy artificial. Hoy estoy segura de que fue lo mejor para la película porque hablar desde un lugar que conocía bien le aportó naturalidad al relato.

Solomonoff consultó a especialistas y psicólogos para saber cómo tratar el tema y qué información dar a los niños que actúan en la película. "No quería reflejar un caso clínico ni reducir el tema a una curiosidad científica. Liliana Ongaro, psiquiatra del hospital Garrahan, fue clave para el trabajo con los chicos. Me explicó que hay que contarles en la medida en que demuestran interés por saber. Eso hicimos junto con María Laura Berch, responsable del casting y el entrenamiento actoral. El resultado fue bueno porque Jorgelina habla desde la confusión y Mario, desde el desconocimiento, que es la situación real de los personajes."

-Su película anterior tomaba la dictadura militar como punto de partida para hablar sobre los que se quedaron en el país y los que vivieron ese período en el extranjero. En El último verano... , el caso de Mario es el disparador para reflexionar sobre cómo se reacciona frente al diferente. ¿Qué le interesa cuando elige un tema para filmar?

-No me interesa hablar sobre un tema sino dar una mirada. No creo que haya maneras correctas o incorrectas de reflejar algo; hay maneras propias. Investigar un tema sirve para aprender a tratarlo, pero no sirve para filmar porque un director no hace una monografía, cuenta una historia. Me gustan las aproximaciones periféricas a los temas. Es algo que descubrí desde que empecé a hacer cine y que se vincula con mi manera de trabajar y de ver las películas de otros. No leo libros por sus temas: elijo escritores, miradas, tonos. Creo que, cuando un tema está bien tratado, no es lo más evidente, sino que está por debajo.

-¿Cómo fue el paso del cuento al guión una vez que había definido al narrador?

-Tuve mucho tiempo la historia en la cabeza y la primera versión fue un relato de veinte páginas. Comencé a escribir el guión en una chacra de Uruguay en febrero de 2007, mientras mi hija Nina, que era una beba de meses, dormía la siesta. Soy bastante lenta, no soy de las personas que escriben un guión en veinte días, pero esa situación me dio impulso. En esas semanas le di forma cinematográfica y después hubo varias reescrituras. En marzo fui a un festival de cine en Miami y me encerré en el hotel para terminar una nueva versión. En octubre y noviembre hice una residencia para guionistas en Madrid, becada por la Fundación Carolina, y me aboqué a terminarlo. Después, lo llevé a la productora de Almodóvar y unos meses más tarde me llamaron para decirme que les había gustado.

Además de un productor, Solomonoff necesitaba protagonistas. Al chico que interpreta a Mario, que no es actor y nunca había ido al cine, lo encontró por azar. "En una muestra en el Centro Cultural Recoleta vi al pasar unas fotos de la comunidad alemana en Entre Ríos y descubrí que era justo lo que buscaba. Gracias al fotógrafo, Sebastián Ingrassia, pude conocer a Nicolás y su familia. Él estableció una relación única con la cámara. Como no podía desterrarlo para filmar, rodamos cerca de Urdinarrain, donde viven."

Solomonoff está instalada en Nueva York desde septiembre. Fue convocada por la Universidad de Columbia para dictar un curso de dirección en el programa de posgrado de cine, del que ella egresó en 2001. De visita en el país para acompañar el estreno de la película, cuenta que para el año próximo tiene dos proyectos: un programa de trece capítulos para el Canal Encuentro sobre el río Paraná ("La idea es remontarlo desde Asunción del Paraguay hasta Buenos Aires junto con un grupo de artistas, antropólogos e historiadores", adelanta). El otro es dirigir la adaptación para cine de Las grietas de Jara , la última novela de Claudia Piñeiro. "Me interesa hablar de las transformaciones urbanas y la pérdida de los espacios públicos en clave policial, un género que siempre me atrajo y que todavía no he indagado."

Natalia Blanc - La Nación

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